El gran escritor y pensador argentino Jorge Luis Borges decía, más allá de la literatura propiamente dicha y con profundidad filosófica y comprensión de la naturaleza humana, que “lo más difícil en la vida es reconocerse así mismo”.
Esto alude a una realidad que se manifiesta con un intrincado capítulo de nubarrones y contradicciones en la personalidad de individuos que a pesar de su preparación no logran visualizar con claridad y amplitud el alcance de sus actos, sobre todo de aquellos marcadamente dañinos y contraproducentes.
Cuando ese esfuerzo de introspección falla o no es realizado con la serenidad y dedicación debida, el individuo no logra darse cuenta de cómo es visto y percibido y, por ende, se imposibilita su capacidad de cambiar con enfoques y actuaciones positivas.
Esta es la nublazón mental por la que lamentablemente atraviesa el presidente del Partido Reformista Social Cristiano, Federico Antún Batlle, quien en lugar de poner freno a tropelías de gente de su organización, como la que motoriza el alegre e irresponsable diputado Pedro Botello, han salido a la palestra con un pretendido acto solidario que en la práctica constituye una inexcusable connivencia y complicidad con acciones reñidas contra la ley y el orden.
De esa manera es que se ha percibido e interpretado el espaldarazo público que Quique Antún le ha dado a Botello, ya que de hecho implica aprobación a los actos vandálicos que el legislador encabezó frente al Congreso, donde un grupo de revoltosos enardecidos causó daños a las instalaciones de una sede que merece respeto y solemnidad.
Si se peca por acción u omisión, todavía la adhesión a hechos bochornosos es más palpable como ha ocurrido en defensa de Quique porque siguieron a una violencia que Botello promovió y que ha sido condenada por diferentes sectores de la sociedad, incluida una parte importante de sus compañeros del hemiciclo.
Aunque en sus desvaríos Quique ha llegado demasiado lejos y con ello llevado al reformismo a un nivel de mayúsculo descrédito, quizás todavía hay tiempo para que de alguna manera pueda recapacitar y reconocer que su comportamiento es altamente repudiable. Si así lo hiciera pudiera detener esta carrera de desprestigio personal en la que está inmerso y que arrastra al PRSC a un “suicidio partidario”.
Por: Luis Manuel Báez
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