ASUNCIÓN, 4 Oct 2012 (AFP) – La fiesta de la Virgen del Rosario en San Roque, 100 km al sureste, fue suspendida por su párroco para evitar que asista «el presidente golpista» Federico Franco, lo que refleja la división de la Iglesia en Paraguay tras la destitución del ex presidente y ex obispo Fernando Lugo.
El sacerdote español Antony Miró había anunciado en una homilía que «no habrá fiesta patronal» el 7 de octubre y remarcó que «si se cumple la amenaza de que vendrá el presidente golpista la misa será suprimida».
Miró se declaró un «perseguido por las autoridades» locales y apuntó al intendente de San Roque, Sixto Baruja.
«Aunque sea un presidente de facto, espero que Franco no se deje manipular así por un grupito de políticos de pueblo. Ya tiene bastantes problemas, ¿no?», ironizó en declaraciones a periodistas aludiendo al jefe de Estado, aislado por sus colegas del Mercosur y de la Unasur después de haber sustituido al ex obispo.
Lugo, que conquistó a buena parte del clero para su proyecto político de izquierda, fue destituido por el Congreso «por mal desempeño de sus funciones» el pasado 22 de junio.
Franco, que era su vicepresidente, asumió el poder y tropieza con la hostilidad de algunos obispos y sacerdotes quienes, desde el púlpito, exteriorizan su disconformidad.
Miró, un temperamental sacerdote domínico, dijo en un programa televisivo en España, difundido por medios de prensa locales, que Lugo fue víctima de «un golpe parlamentario que destruyó las esperanzas del país».
«Muchos proyectos le fueron boicoteados por los parlamentarios», resaltó y acusó a los grandes propietarios de tierras, en particular a los influyentes exportadores de soja, de haber apoyado el «golpe de Estado».
«Cuando uno habla de bien común, de justicia, ya eres comunista», remarcó el religioso quien, para agregar más pimienta a la controversia, recibió a Lugo en un oficio litúrgico por el Día de la Virgen de las Mercedes.
Al finalizar la misa, agradeció públicamente la presencia del ex obispo católico. «Es un consuelo muy grande para nosotros y más en una Eucaristía», afirmó.
El obispo de Carapeguá, a quien el sacerdote debe obediencia, lo apoya. En un comunicado anunció que «la fiesta patronal de este año se suprime como un toque de atención y de reflexión». Y afirmó que los sectores políticos recurren a «calumnias, mentiras y distorsión de la realidad» contra el cura.
Baruja afirmó que el párroco «convirtió la Iglesia en una especie de comando central del movimiento de Lugo».
Dijo que en el 2011, en una de las celebraciones por el bicentenario de la Independencia de Paraguay, en la Iglesia de la Virgen del Rosario, «por educación tuve que saludar al líder del partido P-Mas Camilo Soares, reconocido marxista que no cree en Dios, y al embajador de Venezuela».
Monseñor Claudio Giménez, presidente de la Conferencia Episcopal Paraguaya (CEP), admitió que no hay unanimidad en la aceptación de Franco como presidente. «Muchos miembros del clero no quedaron satisfechos con los sucesos que culminaron con la salida de Fernando Lugo de la presidencia», dijo.
Sin embargo, el arzobispo de Asunción, monseñor Edmundo Valenzuela, fue claro al señalar en declaraciones a la AFP que los miembros de la Iglesia «no somos jueces, no somos constitucionalistas, no somos políticos para ponernos por encima de los senadores y de las autoridades. Aunque sea uno sacerdote u obispo, tenemos que respetar las competencias en la sociedad».
«La Iglesia no se mete en política. Cuando se mete en política crea fricción porque no es su competencia», enfatizó.
Admitió no obstante que la existencia de decenas de religiosos y religiosas que apoyan todavía a Lugo «indica la gran crisis de fe» que dejó como resultado la experiencia de un hombre de Iglesia en el poder.
«De hecho se dio la espalda a la Iglesia», reconoció.
Ante la posición del párroco de San Roque dijo que «lo grave es que no se busca la verdad». «Se desconoce la Constitución paraguaya o por ignorancia o deliberadamente», observó.
Recordó que la jerarquía eclesiástica intervino antes del 22 de junio para pedirle a Lugo que renunciara. «La CEP ha procurado evitar un derramamiento de sangre que estaba por venir y que gracias a Dios no ha sobrevenido», indicó.
«Afortunadamente, se fue pacíficamente (…) El Vaticano ha sido muy firme en reconocer la constitución nacional», destacó.
«Desafortunadamente los gobernantes de países vecinos han tenido una injerencia dentro de nuestra realidad. Han querido desconocer nuestra constitución y nos han aislado», concluyó.

