Jamás nos gustaría resaltar las cosas negativas que observamos en la escuela y mucho menos en el recinto escolar donde estudian nuestros hijos. Hoy destaco con alegría y satisfacción la labor de dos centros educativos de excelencia en los cuales estudian mis dos hijos, Emmanuel y Carlos, las repúblicas de Argentina y Colombia, la primera en la modalidad en arte y la otra, implementando programas de formación social y cultural envidiables.
Ambos centros educativos son dirigidos, el primero, por el dinamismo de la maestra Angeli Mateo y, el otro, por el entusiasmo del profesor Víctor Liria, quienes se hacen acompañar de valiosos equipos de profesionales de orientación y formación y de un conspicuo personal docente, quienes junto a los padres, madres y tutores, velan y trabajan por elevar cada día la calidad educativas de los muchachos. Soy de los padres que entienden que con la creación de los centros de excelencia y la implementación de las tandas extendidas con sus diferentes modalidades, es propicia la ocasión para promover el desarrollo de nuestros hijos.
A esta hora el ambiente está muy contaminado y de ello está consciente la escuela. Son muchos las personas que, producto de la violencia intrafamiliar y otros motivos, caen a diario en cualquier punto de nuestra geografía, por tanto es propicia la ocasión para que los padres como cabezas del principal núcleo de la sociedad, el personal docente y los equipos de gestión de la escuelas, los productores de programas infantiles de radio y televisión y los que trabajan con niños, niñas de la calles, debemos hacer conciencia sobre la base de su futuro, porque la ola violenta y ausencia de valores en la familia está afectando de forma directa a los chiquitines.
Nuestros hijos son los que en el presente dan sentido a nuestras vidas y los que en el futuro darán frutos al mundo.

