Con el asesinato de Manuel de Jesús Sosa Jiménez (Puchito), el deporte, y en particular el boxeo, perdió uno de sus mejores exponentes.
El presidente y entrenador del club Billy Thompson realizó un trabajo ejemplar en diferentes barrios de la capital.
Y hoy todos debemos llorar su muerte, pues fue asesinado un buen ejemplo de la sociedad dominicana.
El movimiento deportivo dominicano está de luto.
Cuando me informaron sobre la muerte de Puchito, no lo podía creer.
Era amable, respetuoso, caballeroso y un defensor de los humildes.
Me comentaba ayer Johnny Morillo, quien era como un hermano para Puchito, que la labor de Sosa Jiménez, teniente de la Fuerza Aérea Dominicana, era de orientar a los jóvenes.
Y me dijo que Puchito salía a las calles a buscar a los niños y jóvenes para que se fueran a sus casas temprano, con la finalidad de protegerlos de los delincuentes.
Un campeón
Sosa Jiménez (Puchito), era un campeón.
Le gustaba trabajar. No descansaba.
Siempre estaba tratando de que sus muchachos estuvieran estudiando y entrenando.
Se dedicó por completo al boxeo y allí cosechó grandes triunfos.
El club Billy Thompson ganó el trofeo de primer lugar 11 años seguidos, en la categoría infantil, y así lo reseña el periodista Yoel Adames F., de la redacción deportiva del Listín Diario.
En muchas ocasiones conversé con Puchito y conocí de su interés en ayudar a los demás.
Y esa es una actitud que tienen que seguir nuestros dirigentes deportivos barriales.
Cursos
Puchito hizo varios cursos nacionales e internacionales.
Estaba preparado y cada día trataba de superarse más.
Hijos
Sosa Jiménez tenía tres hijos: Alejandra, Alexander y Madelin, quienes son muchachos queridos en su sector, que gozan del aprecio de sus vecinos y allegados.
Tenía 42 años y estaba casado con Alexandra, quien se encontraba desconcertada por el asesinato de su compañero.
Puchito dejó un buen legado: Trabajador, humanista y honesto.
Un buen esposo y un padre ejemplar.
¡Paz a sus restos!
Puchito va al cielo por su obra de bien.
Hasta mañana, si Dios quiere, dominicanos.
No apagues la antorcha que humea si no tienes otros fuegos que alumbren mejor.
Henrik Ibsen
Siente lo invisible para poder hacer lo imposible.
Howard Hughes
