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Clubes barriales deben defender a sus comunidades

Las organizaciones deportivas y culturales del país no pueden seguir en silencio con tantos problemas sociales que nos afectan

Los clubes deportivos y culturales, que se caracterizaron en las décadas del 70, 80 y 90 por su combate contra los males sociales de los barrios, han perdido su esencia.

Y eso es preocupante.

Los barrios tienen grandes problemas y los dirigentes de los clubes se mantienen como si nada estuviese pasando.

Y eso es penoso.

Los puntos de drogas están arropando a nuestros sectores en toda la nación.

Y se guarda silencio. Algunos por temor, otros por omisión.

Los clubes están encomendados, por sus comunidades, de salir al frente a los puntos de drogas, los irritantes apagones, el agiotismo, la falta de agua, la delincuencia, los asaltos a las personas indefensas y otros males.

Los clubes tienen que despertar y recuperar el terreno perdido.

  Estoy convencido de que podemos ganarle la batalla a los males que nos rodean.

En los sectores del país hay mucha gente buena y preocupada.

Niños

No son una ni dos las veces que me levanto y pienso que si no enfrentamos a esos malvados el futuro de nuestros niños y del país es incierto.

Los niños y jóvenes son el porvenir  de la Patria.

Y no podemos dejarlos solos.

Ellos merecen de muestra atención y cuidado.

Algo que hacer

Una de las soluciones es que a los niños y jóvenes se les debe buscar algo que hacer.

Claro, eso no es lo principal para combatir a los delincuentes, a los traficantes, a los jefes del agiotismo, pero la dirigencia de los clubes debe comenzar a hacer algo.

Los clubes están en el deber de hacer una labor en conjunto con las Juntas de Vecinos y otras instituciones como son las iglesias y la sociedad civil.

 Guardar silencio y tener temor es ser cómplices.

Sólo recordemos en la década del 70 cómo se combatió a la “Banda Colorá”. Y fue derrotada por el papel protagónico del movimiento clubístico nacional.

Esa debe ser la línea de acción.

Hasta mañana, si Dios quiere, dominicanos.

El Nacional

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