En tanto los cadáveres se amontonan en las calles y asoman brotes de violencia en Puerto Príncipe, late el temor acerca de una hambruna y una epidemia sanitaria que incluso puedan resultar más catastróficas que los efectos del devastador terremoto del martes en Haití. Ese temor representa un mensaje a la comunidad internacional para acelerar, a través de canales más expeditos, la distribución de raciones alimenticias, agua y medicamentos entre los damnificados.
Es normal la desesperación que cunde en una población que ha quedado a la intemperie, que ha salvado la vida milagrosamente. Los más de 200 kilos de energía que liberó el sismo, con más potencia que la bomba atómica sobre Hiroshima, era para que la capital haitiana hubiera volado por los cuatro costados.
La escasez de comida, medicamentos, agua y todo tipo de provisiones describe con dramatismo una realidad que se torna más espantosa por los montones de cadáveres que inundan las calles de un pueblo reducido a escombros.
Mientras el caos y la anarquía han comenzado a manifestarse impulsados por la misma incertidumbre, alarmas sobre la hambruna y amenaza epidemiológica que se ciernen sobre la población, como las advertidas por el presidente del Senado, Nelly Bastien, son para que la multimillonaria ayuda internacional que se ha anunciado acabe de concretarse.
Una idea de las condiciones en que está la nación la ofrece el hecho de que el presidente René Preval ha tenido que pernoctar, recibir ayudas y a representantes internacionales en el aeropuerto de Puerto Príncipe tras el colapso de la sede de Gobierno y de otras oficinas públicas, porque no tiene dónde hacerlo.
Puerto Príncipe es, además de un cementerio, un hormiguero de dolientes que han viajado desde el interior y el exterior para saber la suerte de parientes y relacionados que residían en la ciudad. No sólo los damnificados sino también esos visitantes pasan las de Caín en una población que carece hasta del servicio más elemental.
Para evitar la hambruna y la epidemia sanitaria que temen figuras como el senador Bastien, quien está recluido en el Hospital Metropolitano de Santiago (HOMS) a causa de la fractura de una pierna, se tiene necesariamente que actuar con prontitud para al menos mejorar los canales de distribución de la cuantiosa ayuda internacional que se ha anunciado. Puede por ahora que sea lo que más necesiten los haitianos.

