Muy pronto la televisión, para ejercer su influencia soberana, recorrerá en todos los sentidos toda la maquinaria y todo el bullicio de las relaciones humanas. (Martin Heidegger).
En honor a la verdad no todo es basura en la televisión local, pero la que existe tiene un olor tan nauseabundo que enrarece la buena.
En busca del adictivo rating los llamados a brindar una mejor televisión se han convertido en los principales promotores de la insipidez y degradación en que han caído los programas de entretenimiento o de variedad.
Figuras establecidas que han contado con la venia de una teleaudiencia que espera mejores ofertas, pero se creen portadores de la producción non plus ultra y asumen el papel de promotores de la televisión insulsa, enajenada, soez y estercolera.
Con el socorrido argumento de eso es lo que la gente quiere han echado mano de lo fácil, pasando de producciones variadas a monotemáticas, donde la vulgaridad y la idiotez parecen no tener un stop.
Quién baila mejor, quién se ve mejor, quién canta mejor, quien carece de inteligencia, quién tiene los mejores senos, quién las mejores sentaderas, quién ofrece la respuesta más risibles, quién supera el burrometro,
Es un círculo vicioso interminable.
Poco a poco se irán quedando con un público más reducido: televidentes portadores de un lenguaje transgresor, de comportamiento agresivo e irrespeto por las normas establecidas.
No es cierto que lo entretenido debe andar divorciado de lo cultural y lo educativo.
O es que como dijo el director y guionista cinematográfico y televisivo, el español Jaime De Armiñán: modestamente, la televisión no es culpable de nada. es un espejo en el que nos miramos todos, y al mirarnos nos reflejamos.
¿Serán estos programas el espejo fiel de sus productores?
El televidente no es estúpido, reacciona cuando le ofrecen producciones de calidad y frente a ese contenido de la tevebasura tiene el control para rechazarla o auparla, en tanto llegue el día en que la autoridad oficial le ponga el cascabel al gato.

