Rafely y el futuro del merengue
En algunas ocasiones hemos visto a Rafely Rosario decir que es el relevo del merengue y que su oferta es totalmente diferente a lo que existe en el mercado.
De cuando en vez las dudas nos asaltaban, al ver cómo era manejado el artista, en una especie de afán por hacerlo todo más rápido de lo que aconseja la prudencia del negocio.
Pero cuando las cosas cambian y la realidad es parecida a lo que este joven merenguero venía diciendo, hay que dar crédito a esos pronunciamientos.
En las últimas semanas hemos venido siguiendo el trabajo de Rafely y se nota que hay un cambio de estrategia que le ha sentado muy bien.
Su agrupación luce acoplada y en algunas ocasiones los músicos se integran a la coreografía mostrando una especie de Combo Show de estos tiempos.
Actualmente el hijo de Rafa Rosario promociona la producción discográfica Tiempo, de la que se desprende el primer sencillo, Me liberé, con el que logró muy buenas críticas.
Leyendo una entrevista que, en exclusiva, le realizó la prestigiosa revista People en Español, no cabe dudas de que Rafely está bien orientado en cuanto a lo que se propone en este negocio.
A la pregunta de cómo ve el futuro del merengue dominicano, el joven artista respondió a la periodista Yoselín Acevedo:
Bueno, para eso salí yo (risas). De verdad, me atrevo a decirlo, de corazón. Mira, hay muchos jóvenes a quienes les gusta el buen merengue y se han ido por otra línea porque no hay nuevos exponentes en el merengue clásico, de calidad. Yo sé que vendrán nuevos exponentes de música con calidad, y sé que el merengue juvenil puede llegar muy lejos si surgen artistas con la misma calidad.
Una respuesta que da en la Diana y aclara por dónde comienzan a orientar la carrera de este joven nacido dentro de una dinastía musical como la de Los Hermanos Rosario.
La contraparte
Los empresarios artísticos continúan pisoteando la obligatoriedad de la contraparte dominicana en los conciertos y espectáculos con artistas foráneos.
Es una burla a las autoridades y al público que paga altas sumas de dinero para ver un show en el que los productores se ríen en sus caras con la pobre representación criolla que, como elemento sorpresa, se les presenta.
Nadie se ha atrevido a ponerle el cascabel al gato, porque todo es un contubernio donde el dinero puede más que la ley.
Y mientras continúa el jueguito los empresarios se ríen a mandibula batiente, porque para ellos no hay ley, pero tampoco autoridades que la hagan cumplir.
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