Madrid, (EFE). El estadounidense Tiger Woods todavía figura como número uno del golf mundial, a pesar de su penúltimo puesto en el torneo disputado el pasado domingo en Akron (Ohio) y gracias al colapso de su compatriota Phil Mickelson, el segundo del escalafón.
Woods extiende una semana más (270 consecutivas) su hegemonía, ininterrumpida desde el 8 de marzo de 2005 pero cuestionable desde que optó por una retirada indefinida tras admitir a comienzos de año que le fue reiteradamente infiel a su mujer.
La mayoría de los analistas aseguraron entonces que el deporte asistiría a un antes y un después en cuanto a la trayectoria de Tiger. Cuatro meses después de la reaparición de la ‘megaestrella’ ese vaticinio se acerca a la realidad. Su figura robótica y extraterrestre se tambalea como no había ocurrido antes.
El fiyiano Vijay Singh, en septiembre de 2004, fue el último golfista que desbancó a Tiger del liderazgo mundial. El relevo coincidió con la boda y posterior viaje de novios del californiano con la sueca Elin Nordegren, ahora su litigante por un divorcio multimillonario.
Tiger, con el anillo de casado, recuperó el dorsal número uno en marzo de 2005 y amplió las distancias hasta el final de 2009- ganó 31 torneos del PGA Tour, seis de ellos de ‘Grand Slam’, siendo especialmente relevantes las campañas de 2007 y 2009, pues en cada una de ellas acumuló unas ganancias en premios que superaron los 10 millones de dólares.
Pero el guión de ese largo y feliz episodio 2005-2009 en la vida profesional y personal de Tiger iba a cambiar por completo para 2010.

