Un joven queda atrapado en dis- yuntivas respecto a la proyección de su futuro. Es una tarea nada fácil por cuanto sus decisiones giran en torno a la presión familiar, las vivencias personales y de su entorno, a lo cual entra con gran peso la presión social, y todo esto en un contexto laboral. En un país como el nuestro, una situación compleja.
Ahora se le reclama al joven que, terminada una licenciatura o un doctorado, continúe o logre un posgrado o maestría, a lo cual tendría que sumar unos cuantos diplomados. Pero, ¿estamos todos obligados a seguir el mismo camino de posgrados, maestrías y demás reclamos sociales en un mercado laboral en constante transformación?.
Sin embargo, ¿con base a cuáles carreras universitarias en un ambiente de tantos cambios tecnológicos? ¿Es una obligación competir en el mercado con un título universitario, ya sea de grado, posgrado o de maestría? ¿Qué nos reclaman los tiempos actuales o del futuro más inmediato? ¿Acaso maestrías, doctorados o cosa parecida? ¿Qué hay de los niveles técnicos?.
En la punta de nuestras narices aparecen los posgrados, doctorados, maestrías y, en consecuencia, todos queremos ser universitarios, porque se nos dice que quien carece de un título universitario estaría quedando fuera de las competencias de un mercado del cual decimos que es cada vez más exigente. Y nos iremos de espalda, hasta rompernos la dentadura.
Aún confío en un modelo mixto de capacitación o de entrenamiento. Sigo creyendo en la necesidad de impulsar escuelas técnico-vocacionales y en la reformulación de las carreras universitarias. No se trata de preparar mano de obra calificada, de lo que se trata, en cualquier caso, es de responder a una nueva visión de futuro en el marco de nuestras realidades.
Estamos exigiéndonos una vestimenta relativamente inservible, pero excelente en sentido académico y dentro de las academias.

