El alza salarial de un 15 por ciento aprobada ayer por el Comité Nacional de Salarios no satisface expectativas albergadas por las centrales sindicales, que ya anunciaron que impugnarán esa decisión.
La objeción del sector laboral a ese incremento de sueldos se fundamenta en que está limitado al salario mínimo.
Aunque resultaría difícil revertir esa resolución, en razón de que cuenta con el respaldo del secretario de Trabajo, quien sería la instancia que conocería el recurso de impugnación, es aconsejable que las partes prosigan el ejercicio dialogante.
En un asunto de tanta trascendencia, como el aumento salarial, que incide en la calidad de vida de los trabajadores, en el desempeño de las empresas y en el comportamiento de la economía, no debería imponerse la irracionalidad.
Un 15 por ciento de incremento en el salario mínimo, implica que las escalas para ese sector laboral se elevarían a $5,157; $6,325 y $8,464, todavía muy por debajo del costo real de la canasta familiar básica.
Es obvio que en medio de una crisis económica global que ha surtido severos efectos sobre las actividades productivas locales, no se puede aspirar a que el sector privado incremente significativamente sus costos de producción por vía de un aumento salarial en la proporción que merecen los trabajadores.
El aumento limitado al salario mínimo no resulta, sin embargo, suficiente para aliviar la pesada carga inflacionaria que acarrean los servidores del sector privado, ni aun los que se encuentran encerrados en esa mínima escala salarial.
No se alegue tampoco que esa limitada alza permearía a los demás segmentos salariales, porque eso es improbable que ocurra en la misma proporción del 15 por ciento.
Es impropio también insistir en el viejo argumento de que el aumento salarial entraña despidos masivos, porque el renglón sueldos no alcanza una tercera parte del costo de producción.
Búsquese, pues, una forma de aumento salarial que beneficie a todos los trabajadores del sector privado.

