Editorial

Tragedia de Miches

Tragedia de Miches

La tragedia acaecida ayer en Miches, donde  cinco personas murieron y ocho  sufrieron heridas en enfrentamiento entre hacendados y campesinos por la posesión de  tierras, refleja la magnitud de un problema acentuado por el dilatado desorden predial y una acentuada debilidad institucional para garantizar seguridad jurídica en la titulación y posesión inmobiliaria.

Al menos tres de los ocupantes de más de cuatro mil tareas en la comunidad Las Lisas, y dos hermanos miembros de una familia que reivindica la propiedad de esos predios, fallecieron por heridas de perdigones y machete durante un pleito en el que otras ocho personas sufrieron heridas graves.

En el caso de Miches, porque  gran parte de su geografía costera tiene vocación para el usufructo turístico, son cada vez más frecuentes las litis judiciales o pleitos campales por posesión  que han  adquirido gran valor en el mercado inmobiliario.

Autoridades penales están en el deber de establecer responsabilidades individuales entre instigantes y participantes en tan primitiva acción, pero esta tragedia  ha de servir también como obligada referencia para que la Oficina del Abogado del Estado y  el Poder Judicial encaminen esfuerzos contundentes para restablecer la seguridad jurídica en el ámbito de la jurisdicción inmobiliaria.

Es difícil que una economía como la dominicana pueda promover inversión y desarrollo en los sectores agropecuario y turístico con la anarquía prevaleciente en la titulación y posesión de tierras o ante los carnavales de invasiones de tierras que se montan en casi toda la geografía nacional.

Ese desorden se agrava por el cuadro de injusticia que se observa con  el discrimen o privilegio en la  distribución de tierras  del Instituto Agrario o del Consejo Estatal del Azúcar, cuyos mejores predios con vocación  turística o agrícola van a parar a manos de conmilitones de los gobiernos de turno.

Esa tragedia  obliga a una profunda reflexión sobre  la necesidad de organizar el sistema predial nacional y garantizar mediante la aplicación rápida y diligente de la ley  en los conflictos ante tribunales de jurisdicción de tierra y la necesaria transparencia en la emisión de documentos  que presuman propiedad y posesión en el ámbito inmobiliario.

Sin garantía de plena seguridad jurídica y ante las constantes invasiones de tierras promovidas por  filibusteros con padrinazgo, prevalece el temor de que se reedite más de una vez  el infausto suceso ocurrido en Miches.

El Nacional

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