La Asociación Dominicana de Profesores (ADP) ha infligido otro revés al sistema de educación pública nacional, al paralizar la docencia sin ningún motivo valedero en todas las escuelas del Distrito Nacional y provincia Santo Domingo.
Los directivos de ese gremio deben hoy brindar con buen vino por el resonante triunfo que ha significado atrasar el calendario escolar en dos días, porque tampoco este viernes se impartirá docencia pues los maestros deberán cumplir las 48 horas del paro.
No queda claro si las autoridades de Educación se ocultaron debajo de la cama o aceptaron cumplir con todos los reclamos que motivaron la acción heroica de la ADP, de impedir que hijos de familias de menores ingresos accedan al pan de la enseñanza.
La huelga que afectó a cientos de planteles escolares del Gran Santo Domingo fue para impedir que los encargados de distritos escolares del ministerio de Educación sean escogidos mediante concurso, como ocurre en todas las naciones medianamente civilizadas, lo que hace pensar que el gremio de profesores apuesta por el desorden.
El próximo paso de la ADP, a juzgar por la irracionalidad de extender el ocio de los educadores de jueves a domingo, sería la de convocar a una huelga indefinida en todo el territorio nacional, lo que seguramente se convertiría en otro gran logro, aunque sin alcanzar el objetivo de institucionalizar la anarquía.
No se niega derecho de los docentes a reclamar reivindicaciones por las vías que acuerda la ley, pero resulta inaceptable que la dirección de la ADP pretenda mantener un pie sobre el cuello del sistema educativo al que paraliza cada vez que le pica un mosquito.
Las marchas, vigilias, protestas o cualquier otra manifestación deberían realizarse los días sábado y domingo o en horas no laborables, porque el recurso de la huelga solo puede ser asumido en circunstancias altamente justificadas o nunca, porque el derecho a la educación es inalienable.
Se aconseja a los directivos de la Asociación de Profesores celebrar este fin de semana en el “resort” que posee la poderosa Cooperativa de Maestros, donde seguramente recibirían descuentos sobre habitaciones, bebidas y comidas, y brindarán por el resonante triunfo que ha significado cerrarles las aulas a los hijos de los trabajadores.

