Aspectos señeros de la evolución de la cardiología dominicana y una serie de hechos de la vida nacional de las últimas seis décadas algunos vinculados al dictador Rafael L. Trujillo Molina- fueron comentados por tres médicos de largo ejercicio en una pintoresca mesa redonda celebrada en esta capital.
Los doctores Héctor Mateo, Guarocuya Batista del Villar y Carlos Lamarche Rey fueron los expositores en la Cátedra de los maestros de la cardiología, celebrada en el foro Pedro Mir, de Librería Cuesta, que reunió a un centenar de personas.
Mateo tiene 64 años como médico y 58 como cardiólogo, en tanto que Batista del Villar hace 55 años que se graduó de medico y 52 que completó la especialización en cardiología, mientras que Lamache Rey obtuvo su titulo de médico hace 50 años y logró la acreditación de cardiólogo hace 44 años.
En forma apretada y ante un público bien atento, los tres hicieron un recuento de sus orígenes familiares y pueblerinos, de sus esfuerzos para formarse como médicos y de sus principales pasos en un prolongado ejercicio que los ha llevado por diversos escenarios.
Mateo, nacido en 1921 en Cotuí, hijo de un humilde comerciante y de una hacendosa ama de casa, contó que aún tiene frescos en su memoria los episodios incruentos del movimiento cívico que en 1930 llevaron a Trujillo al poder. En ocasión del golpe de
Estado que Trujillo, subrepticiamente, dio al presidente Horacio Vásquez el 24 de febrero de 1930, civiles armados seguidores del entonces jefe del Ejército ocuparon las plazas y calles de Cotuí, acontecimientos de los cuales el hoy destacado cardiólogo se recuerda perfectamente.
Narró que fue conserje del Ayuntamiento de Cotuí y contable empírico de un almacén de provisiones de ese poblado antes venir a la capital a iniciar los estudios de medicina en la Universidad de Santo Domingo, que estaba en lo que actualmente es el edificio del Arzobispado, en la zona colonial, cerca de la fortaleza Ozama. La inscripción en la universidad que costaba entonces alta suma- la pagó con un dinero que se ganó haciendo un inventario en un comercio de su pueblo.
Se graduó de médico en 1948 e hizo pasantía en El Cercado y Elías Piña. De la zona fronteriza fue llamado de urgencia en 1949 a servir en San Cristóbal como Médico Sanitario Provincial y después de unos meses en esta posición consiguió que lo designaran médico interno del hospital Juan Pablo Pina, un moderno establecimiento que había sido construido en esa ciudad en el último lustro de la década del 50. Estuvo ahí hasta 1951, cuando salió hacia Estados Unidos a especializarse en cardiología. A su regreso, volvió al hospital Pina en 1954 como jefe del servicio de cardiología, permaneciendo varios años.
Trujillo
Contó que el dictador Rafael L. Trujillo Molina acostumbraba a recetar medicamentos a los trabajadores de su hacienda Fundación, de San Cristóbal. Algunos de esos trabajadores con frecuencia le preguntaban, en la intimidad de la consulta, si podían tomar las pastillas que le había recomendado el Jefe, quien, según distintos autores, gustaba presentarse como entendido en medicina.
Desde luego que yo les daba mi aprobación, confesó Mateo, arrancando risas en la concurrencia a la mesa redonda, organizada por el periodista José Pimentel Muñoz, con el aval de la Sociedad Dominicana de Cardiología, Fundación Dominicana de Cardiología, Instituto Dominicano de Cardiología, Círculo de Egresados del Instituto Dominicano de Cardiología, Diagnósticos Médicos Siglo XXI, Centro Cardiovascular Santo Domingo, Imágenes Cedisa y Centro Cardiovascular Dominicano,
Dejando claro que por razones de seguridad personal daba esa respuesta a los trabajadores que le preguntaban sobre las recetas de Trujillo, Mateo resaltó que Trujillo se mantenía al día de las noticias sobre los avances médicos. Y rememoró que en una ocasión Trujillo publicó un aviso en el periódico, haciendo constar que tenía una oficina especial en el palacio de gobierno para orientar a las personas que solicitaban ir al exterior por razones de salud.
Batista del Villar
De su lado, Batista del Villar, nacido en Bonao, dijo que su primera influencia para ser médico la recibió muy pequeñito, cuando en su casa se dio cuenta de que a su madre se le practicó de urgencia, acostada sobre la mesa del comedor, sin anestesia, una cesárea para extraerle un feto por pedazos. Eso hecho le estimuló a ser gineco-obstetra, pero se inclinó posteriormente por la cardiología, que estudió en Estados Unidos y México. Estudió medicina en la Universidad de Santo Domingo, donde pagó la inscripción de 75 pesos con fondos que ganó sirviendo como alfabetizador de presos y como secretario de una escuela de Guayubín.
Lamarche Rey
Con lagrimas en los ojos, Lamarche Rey contó sus grandes fortunas: primero ser hijo de mi papa, quien me dio excelentes consejos y segundo haberme entrenado en medicina en el hospital Salvador B. Gautier, que tenía tanta gente capacitada, con valor entereza, ética y dedicación a sus pacientes. Era un dream team formidable, lo cual comprobé más tarde cuando fui a estudiar a Nueva York.

