Por tercera semana consecutiva Bielorrusia sigue sumergida en protestas por el resultado muy cuestionado de sus elecciones presidenciales, donde Alexander Lukashenko pretendía extender su período presidencial en un régimen que ya excede los 26 años. Conocido como el último dictador de Europa, Lukashenko está viendo su control sobre el país debilitado y los eventos están empezando a recordar lo ocurrido en Ucrania en el 2014.
Bielorrusia, como una cantidad significativa de sus países vecinos, vive la complicada existencia de otros países de la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, con la Rusia de Vladimir Putin activamente luchando por mantener su esfera de influencia sobre esas naciones, mientras que sus ciudadanos lucen más enamorados de la idea de incorporarse a la promesa de la Unión Europea y adoptar la democracia como forma de gobierno.
El temor de lo que pueda hacer Putin en Bielorrusia incide directamente en la política interna de ese país y su toma de decisiones. Ningún candidato de la oposición bielorrusa se atreve a sugerir un distanciamiento del Kremlin o un acercamiento más profundo a la Unión Europea, justo por ese temor. Pero Rusia, que no aprecia los movimientos democráticos en sus países vecinos, claramente prefiere la estabilidad que hasta ahora le ha brindado el dictador Lukashenko.
Conocidas las experiencias de Ucrania y Georgia con las intervenciones de Rusia en su territorio, los riesgos para Bielorrusia no son pequeños. No obstante esto, cientos de miles de personas se han lanzado a las calles de Minsk a reclamar el retorno a una verdadera democracia.
Las protestas en Bielorrusia adicionalmente deben servir como un recordatorio a nuevos aspirantes al autoritarismo en Europa como Viktor Orban en Hungría y Andrzej Duda en Polonia, de que los movimientos pro-democracia en Europa no fue un hecho aislado a Ucrania, y que más temprano que tarde las acciones antidemocráticas en el viejo continente terminan con multitudes caminando hacia la sede de gobierno.
Actualmente el gobierno del dictador Lukashenko está reprimiendo las protestas en Bielorrusia como parte de su movida desesperada de conservar el poder. En su momento eso no fue muy efectivo para el gobierno de Viktor Yanukovych en Ucrania, y puede que no sea muy distinto para el suyo.
Entiendo que es un momento esperanzador para la democracia en Europa, y la resiliencia de aquellos que protestan en las calles de Minsk es inspiración para el resto del mundo donde cada vez más se popularizan los gobiernos autoritarios.
Mis mejores deseos están para los ciudadanos de ese país, con la esperanza de que sus logros y sus libertades no lleguen a ser pisoteados por las ambiciones desmedidas del gobernante del país vecino.
Por: Orlando Gómez
orlando.gomez@gmail.com

