Opinión

Un adversario inteligente

Un adversario inteligente

Agostino Casaroli fue un célebre Cardenal italiano, ya fallecido (en junio de 1998), a quien los sectores católicos más conservadores le atribuirían una influencia personal atrevida, en coyunturas de política vaticana de acercamiento a países integrantes del otrora «Este europeo comunista».

Contra él llegaron a apuntar supuestas inclinaciones de transigencia ideológica, a través de toda su escalonada trayectoria de ejercicio de importantes cargos en la Curia Romana, durante los sucesivos períodos de Pío XII, Juan XXIII y Pablo VI. Resultando mas dura e inclemente la crítica de la derecha política y clerical mientras él desarrollaba su más brillante desempeño -de once años- al servicio del Papado, como Secretario de Estado (especie de Primer Ministro, a la vez de Asuntos Exteriores y -por ende- jefe de la diplomacia) de la Santa Sede, durante la primera mitad del Pontificado de Juan Pablo II.

Ese famoso cardenal Casaroli una vez visitó Cuba, invitado por el episcopado católico de ese país. Y la noche antes de culminar dicha visita (nada clandestina, pero sí privada o «no oficial») a la isla mayor de Las Antillas, recibió en la Nunciatura -donde se hospedaba en La Habana- la visita espontánea de Fidel Castro, con quien conversó  hasta muy avanzada la noche, a pesar de que al día siguiente viajaría de regreso a Roma.

Entonces, el cardenal que era «mano derecha» papal y «numero dos» en la estricta jerarquía protocolar del Vaticano, dio  la cara a los medios  internacionales que se interesaban en saber su particular impresión de la entrevista con el «Comandante en Jefe». Así, siempre actuando con la honestidad de su proceder proverbial, admitió sin rodeos su satisfacción por el cordial diálogo sostenido con el líder de la Revolución cubana. Y expresó, entre otras palabras: «Hablar con un adversario inteligente, es mucho mejor que hablar con un amigo no inteligente».

Años después,  Juan Pablo II diría del cardenal  Casaroli -auténtico hombre de Dios (al fiel servicio suyo), de innegable mentalidad progresista, hábil conciliador de extremismos encontrados -en la homilía del solemne funeral en su honor, «no podemos menos que reconocerlo y señalarlo como un auténtico “artífice de paz”.

El Nacional

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