Opinión

Un antes y un después

Un antes y un después

El  ex presidente Hipólito Mejía anuncia al país su disposición de buscar nuevamente la presidencia de la República. A partir de este domingo la historia política de este hombre se divide en dos: un antes y un después.

El antes comenzó en 1978, cuando fue nombrado secretario de Agricultura, cargo que no deseaba en principio, donde demostró capacidad, honestidad y coraje.  Desde 1978  hasta el 2000, cuando fue electo presidente de la República, se ha visto en la necesidad de asumir retos.  Cuando estalló la crisis bancaria fruto del fraude,  prefirió afrontar la situación salvando el sistema financiero nacional y garantizando el dinero de más de 700 mil ahorristas. Evitó así el colapso de la economía. Ese gesto responsable y solidario le costó el gobierno. Su imagen se deterioró fruto de una campaña mediática perversa de sus enemigos externos e internos. Pero el agua se aclara sola al paso de la corriente. Y hoy el pueblo sabe la verdad. La crisis económica mundial ha mostrado que Hipólito hizo lo correcto.

Ese antes, el país lo conoce. Ahora, a partir de este domingo, se inicia una nueva etapa. El acto donde anuncia su determinación de ir tras la presidencia, marca el después. Muchos pensaron que Hipólito era un cadáver maloliente. Estaban equivocados. 

El acto de este domingo marca un después, muestra un Hipólito remozado, con ideas y actitudes distintas. Su experiencia como estadista le servirá de mucho.

El país está al borde del abismo. El narcotráfico, el lavado de activos, la falta de oportunidades para las mujeres y los jóvenes; la corrupción, la increíble deuda interna y externa que sobrepasa los 20 mil millones de dólares, son algunos de los grandes males de la nación.

El gobierno de Leonel Fernández lejos ser parte de la solución, es parte de esos problemas. Es absolutamente necesario sacar del gobierno al presidente Fernández que cada día que pasa acumula más poder para intentar perpetuarse en el poder.

Sólo un hombre de las condiciones de Hipólito, que ni robó ni mató en su gobierno, sin cola, puede sacar del Palacio Nacional a Leonel Fernández.

El Nacional

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