Baño de Damas es, en los actuales momentos de la sociedad dominicana, una saludable inversión momentánea en higiene mental, dado el probado y mil veces mercadeado poder curador de la risa, sobre todo si conlleva su más fiel expresión: la carcajada a mandíbula batiente, pese a que el texto, escrito originalmente por Rodolfo Santana, no es tan inocente como pareciera y nos asalta con personajes que, aun cuando caricaturizados, tienen hoy día una terrible fuerza en la realidad y que pueblan titulares olorosos a corrupción, personajes de los cuales se destaca más la marca de cartera que usan que los delitos cometidos, los diputados y senadores escasamente dignos de su condición de representantes del pueblo, el machismo fatal y la dependencia emocional femenina de sus castigadores con testosterona, en fin, un montaje que si bien no alcanza la calidad e intensidad escénica de la inevitable versión nunca olvidada de Casa de Teatro, cumple con una deliciosa misión de lograr que el público disfrute con sanción que imponen la denuncia y la risa, a la realidad que vive quienes a golpe de carcajada llenarán en estos días la Sala Máximo Avilés Blonda en procura de abrevar alegría provocada desde un escenario capaz, como ha sido siempre, de inventar mil realidades fruto del trabajo de ensayo. En la comedia, bajo la mano hábil de Enrique Chao, sobresalen con donaire: un Luis José Germán que ha dejado en el pasado la imagen del gordito gracioso y que se hace valer por su histrionismo desbordante, el multivalente manejo de la voz y su precisión actoral de los momentums en los cuales pasa a ser figura central de las acciones; Olga Bucarelly, sin dudas la más veterana y eje sobre el cual se abanica la historia, en su rol de la conserje del pandemonium en que se torna a veces el escenario; la Carolina Rivas que vuelve a lograr una conexión casi mágica con su facilidad para encarnar una dolida mujer víctima del engaño masculino; Ana Rivas, establece el sello distintivo de un talento que ha demostrado y que en este caso se luce oportuno con lances histriónicos de gran garra; Sabrina Gómez, de noble y cuidada presencia fashion que se adueña de la escena y muestra una expresión de su talento a la que debería acudir con mayor frecuencia; la pareja de generaciones sucesivas Sharlene Taulé e Ivonne Beras que como madre e hija, plantan en el entablado una marca interpretativa cargada tanto de un mensaje intenso como de una relación de talentos bien lograda y Sdenka Kalina, que muestra una intención de entrega total y comprometida.Pamela Sued, Miralba Ruíz y María Angélica Ureña se sitúan a la altura de un montaje de humor que está llamado a ser éxito artístico (en el marco de las comedias comerciales) y de asistencia de público, que anoche mismo salió de la sala con muy buena impresión y en condiciones de recomendar el montaje.
De la obra
La escenografía de gran poder visual y funcional es de Fidel López), el manejo de luces Lillyana Díaz, vestuario Milagros Placencia, el estilismo de José Jhan Rodríguez y Cloe-Sabrina Gómez y los efectos de sonido Manuel Soribas y Luichy Guzmán.

