El presidente Leonel Fernández es un hombre que habla con fluidez. Las mejores universidades del país y el exterior deberían reconocerlo como uno de los mejores diletantes del mundo. No seamos mezquinos. Esa capacidad de abordar los problemas científicamente con aparente propiedad, pero en realidad con una superficialidad asombrosa, la tienen pocas personas.
Esa forma de hablar mucho y decir nada, me deja perplejo. Ha sido sugerido para la Academia de la Lengua. Yo le doy mi voto. Lo haría miembro de todas las academias de ciencia y arte de la República.
Me fascina verlo en los foros ante sus colegas presidentes, con ese verbo glamoroso, con esa zeta misteriosa que se confunde con la ese y con la ce, con ese porte de estadista ilustrado que le hace juego con espejuelos y corbata.
Yo vivo al presidente cuando en esos cónclaves internacionales habla sobre política y educación, como lo acaba de hacer en Argentina. ¡Brillante!
Lo vivo (no lo mudo porque no puedo) cuando lo veo al lado de Fidel Castro y Barack Obama, de Hugo Chávez, y Álvaro Uribe, del golpista hondureño y del derrocado Zelaya, de los asesinos de Medio Oriente y los asesinados. ¡Eso es coherencia!
Nadie mejor que mi presidente para secretario general de las Naciones Unidas. Este país le queda chiquito. Debió nacer en Estados Unidos donde seguro hoy fuera el presidente, no el tal Obama.
A mi presidente, el hombre del destino, no le preocupan los problemas de educación, salud, electricidad, violencia, seguridad ciudadana, narcotráfico, corrupción…, del país que por desgracia lo vio nacer. Mi presidente se ocupa de cosas globales. Es el mesías del siglo 21.
(Para que nadie me mal interprete los dejo con dos definiciones de la palabra diletante. La Real Academia de la Lengua dice que un diletante es una persona que cultiva algún campo del saber, o se interesa por él, como aficionado y no como profesional. En Google: Persona que práctica una ciencia o un arte sin tener capacidad, ni conocimientos suficientes. Para ser más claro y no crean que estoy diciendo una cosa por otra: es alguien que va al cine, ve una película, y se cree crítico de cine. Lee una novela, un cuento, un ensayo o un poema, y habla como si fuera un crítico literario).

