Hipólito Mejía es el candidato presidencial del PRD. Si Miguel Vargas insiste en negarle el triunfo, se quedará como Perico en la estaca. Las encuestas dicen que Miguel ya no cuenta con el 46% que sacó en las elecciones, que ha bajado a un 10%, que ya no tiene mayoría en la Comisión Política ni en el Comité Ejecutivo Nacional. Y ni hablar en las provincias, municipios y frentes de masas… Se ha desplomado.
Hipólito es hoy mayoría en el PRD. ¡Como debe ser después de ganar la Convención limpiamente! Diputados, alcaldes, regidores, miembros de la Comisión Política y del Comité Ejecutivo Nacional y de los frentes de masas, han expresado su respaldo al candidato presidencial electo.
Dividir al PRD no es una opción para Miguel. Irse del PRD para formar tienda a parte sería un suicidio. Los que dejaron el PRD fracasaron. La historia lo dice.
Si yo fuera Miguel -que pena que no lo soy- así como reconoció el triunfo de Leonel cuando apenas se habían conocido dos boletines en las elecciones del 2008, hace tiempo que habría reconocido la victoria de Hipólito.
Si yo fuera Miguel habría ido con su esposa miguelina a la casa de Hipólito, en el sector La Julia, para darle un abrazo junto a doña Rosa, Ramón Hipólito, su concuñado, Carolina, Felipe y Lisa, garantizando así la unidad del PRD y de la familia Mejía-Vargas.
Si yo fuera Miguel, habría convocado a mis asesores para un análisis crítico de las razones de la derrota.
Las victorias suelen tener muchos padres. Y hasta madres. Pero las derrotas suelen ser huérfanas. Ahora muchos son los artífices de la victoria de Hipólito, pero nadie quiere cargar con la derrota de Miguel.
Miguel perdió, a pesar de contar con la dirección del partido, con cientos de millones de pesos, y con una estructura paramilitar que intentó imponer la ley de la fuerza en muchos centros de votación. De no haber sido por todas las travesuras que se hicieron en todo el país, comprando cédulas, secuestrando urnas, amenazando y extorsionando a la gente, Hipólito habría ganado con más del 70% de los votos.

