Si es que no los son, los operativos contra establecimientos que en Moca se dedican a la supuesta de venta de medicamentos falsificados es lo que más se parece a un relajo. No puede ser que un negocio sea cerrado hoy, por demás en medio de un aparatoso despliegue, y que al día siguiente, como ha ocurrido en diferentes ocasiones, opere lo más quitado de bulla.
A raíz del escándalo sobre la distribución de medicinas adulteradas la Secretaría de Salud Pública, la Dirección General de Aduanas, el Ministerio Público, la Policía y agentes de inteligencia clausuraron el 6 de febrero en la Capital, Moca y otras comunidades varios negocios que supuestamente se dedican al criminal comercio. Pero la disposición duró menos que una cucaracha en gallinero.
Las razones no se saben, pero la realidad es que tan pronto las autoridades dieron la espalda los negocios reabrieron sus puertas. Se desconoce si Salud Pública, que insiste en culpar a los establecimientos de vender fármacos falsos, vencidos, contrabandeados y reetiquetados, formuló cargos contra los responsables.
Aunque sea lo más llamativo, sobre todo por el cuestionamiento al principio de autoridad, la reapertura de negocios clausurados por violar la Ley General de Salud no es el único punto conflictivo en torno al comercio de medicamentos falsificados. La Secretaría de Salud Pública tiene que aclarar su indecisión frente al alerta del Gobierno cubano formulada tanto en 2006 como en 2008 sobre la distribución de una antitetánica que las propias autoridades locales reconocieron fue la causante de la muerte de dos personas.
Sin embargo, lo que todos se preguntan es con qué cuentan los comerciantes de Moca para reabrir prácticamente en las propias narices de las autoridades negocios que habían sido clausurados. Pero no una clausura pura y simple, sino con acusaciones que provocan escalofrío.
Según la Secretaría de Salud Pública los operativos son para impedir que se venda a la población medicamentos que no reúnen la calidad necesaria para el consumo humano y que además ponen en peligro la vida de los usuarios.
Es cierto que los negocios han contado con un suspicaz respaldo de organizaciones populares. Pero ese apoyo no basta para dar la apariencia de espectáculo o relajo, sabrá Dios si con algún propósito, a medidas relacionadas con un problema gravísimo, como la distribución de fármacos adulterados.

