Los enemigos del Partido Revolucionario Dominicano, incluyendo, naturalmente, a comunicadores pagados y perversos, se han dado banquete con los incidentes escenificados en la casa nacional de esa organización política el pasado domingo.
Hasta el propio Leonel Fernández, desacreditado por los hechos delictivos a quienes muchos lo vinculan, se deleitó desde el parque Independencia y retoma la ofensiva contra el partido blanco. ¡Qué cara dura!
Los hechos violentos no tienen justificación. Pero resulta mucho más grave la toma del local del PRD por parte de la Policía Nacional, sin un representante del Ministerio Público, en violación flagrante a las leyes vigentes. Y nadie ha condenado ese exceso que, de paso, lacera la democracia.
Pero no es un asunto de la Policía. La responsabilidad recae sobre el presidente de la República, Danilo Medina, a quien algunos atribuyen estar dotado de buenas intenciones, pese a que llegó al poder mediante una avalancha de recursos estatales y ahora es parte protagónica de la dictadura política que vivimos hoy los dominicanos.
Si no hay en independencia de los poderes del Estado no se puede hablar de democracia. Si se violan las leyes y se roban los dineros del Estado (¡y nada pasa!), no se puede hablar de democracia. Y ahora abusivamente usan las fuerzas públicas para intervenir groseramente en los problemas internos de un partido político.
Con el panorama que observo, no me producen sorpresa los exabruptos a ocurrir en lo adelante en desmedro de entidades y de la población en sentido general. Controlan todo y usan la fuerza para imponerse en caso necesario. ¿Qué más se necesita esperar?
Es una lástima que haya líderes políticos irresponsables en la oposición, que ante un panorama tan oscuro, como el que prevalece actualmente en el país, estén hablando de elecciones del 2016. Eso se llama perder el tiempo y contribuir a prolongar la crisis. Se habla de elecciones cuando hay democracia, pero aquí lo que hay es una dictadura.

