El terremoto en Haití desnudó la injusticia. Hizo penetrar la miseria y el abandono por las pupilas que se negaban a captar las patéticas escenas de un drama sempiterno. Pero también ha despojado del vestido (que no siempre los cubrió completamente) a gobernantes serviles por definición.
Hoy llevan el servilismo al descubierto René Preval y Leonel Fernández.
La pusilanimidad de Preval se puso de manifiesto al instante. Preval, después de ser manejado a través de hilos bien visibles por Jean Bertrand-Aristide, ha sido marioneta de los líderes de las grandes que se disputan el control de Haití, procurando dádivas sin impulsar la participación popular. Con el desastre, se ha hecho más visible esa realidad.
Solicító públicamente el envío de soldados yanquis, dando con ello apariencia legal a la ocupación militar. Su acción formal, a nivel oficial, la complementa con declaraciones que lo retratan: Hillary Clinton, vino la semana pasada y me preguntó si yo estaría de acuerdo en que militares estadounidenses de esos cuerpos especializados vinieran a ayudarnos. Yo le dije que sí…. (Declaraciones a la prensa internacional el 22 de enero).
Como si con ello invalidara el epíteto obligatorio, agrega: No tenemos problemas ni bloqueos ideológicos al recibir también ayuda de los venezolanos, de los cubanos o de los franceses.
Y, en realidad, nadie critica la ayuda. Se trata de que Estados Unidos toma decisiones en forma unilateral, hace valer su posición hegemónica en el esquema imperialista, y tiene apostada en Haití una fuerza militar que triplica en número y supera en armamentos la de las Naciones Unidas (la MINUSTAH), otra tropa de ocupación de la cual Estados Unidos fue gestor y es ente protagónico.
Preval es el títere que siempre ha sido. Y en este lado de la isla también hay un gobernante sumiso.
La sumisión de Leonel Fernández se torna inocultable en los momentos cruciales.
Actualmente, tiene dos tareas básicas: apoyar la ocupación de Haití haciendo todavía más grosera la injerencia en el país, y poner un aparente punto final a la crisis que provocó en Honduras el derrocamiento de un gobierno constitucional por cancerberos del poder estadounidense.
Para cumplir la primera tarea, habla de solidaridad y ayuda.
Para hacer coro a Barack Obama, a quien su compromiso con la ultraderecha lo llevó a apoyar la mascarada electoral montada por los golpistas, se monta también en la débil formación política de Manuel Zelaya, y se presenta como conciliador.
No sabe que el terremoto sepultó la máscara que parcialmente lo cubría… Y su parecido con Preval ahora es evidente.

