Seamos claros: La imagen de la Minnelli que vende el mercadeo de sus conciertos no corresponde a lo que físicamente es ella. Sigamos siendo claros: ¿ Que carajo importa la venta de una imagen, cruzando el negociado de años transcurridos, cuando la calidad de quien los tiene es atemporal, definitiva, aromatizada por la excelencia, mejorada incluso por la experiencia y con la facilidad de penetrar el alma de su público, así sea que no diga una sola palabra en español?
La artista norteamericana trasciende el morboso interés de los seres simples del síndrome calculador de las fechas de nacimiento. No es la chica sensual que vimos en Cabaret y que hizo leyenda en sus musicales en Broadway. Su cuero muestra el paso del tiempo, pero ¡Por Dios! ¿que importancia tiene cuando se trata de una voz que está mejor que nunca, cuando se trata de una personalidad que llena el amplio escenario, que logra encantar al público, burlándose de las limitaciones del idioma (no habla español y no dijo una sola palabra en nuestro idioma), pero ese detalle regionalista palidece ante el caudal fresco y avasallante de su talento, voz y actuación unidos para producir una experiencia única, disfrutada por una platea ansiosa de tomar de su fuente y, de paso, aportar a los programas de becas a jóvenes talentos dominicanos por medio de la Fundación Global , organizadora del IV Festival de Cine Global Dominicano, en una especie de final final del evento que entregó en pantalla 47 películas de calidad internacional en siete escenarios (incluyendo a Puerto Príncipe). La Minnelli, ella misma, vive otras experiencias vitales cuando canta y recorre en su repertorio sus piezas más reconocidas. No es una artista, para un país como el nuestro, de masas y probablemente una función suya en un estadio amplio, dejaría muchas graderías vacantes. Es un arte para amantes del jazz, el musical y el cine.
¿Qué pasó?
Faltó cortesía e información previa en torno a las condiciones en que se desenvolvería el trabajo de los reporteros gráficos, los cuales fueron arrinconados en una esquina por parte de una fotógrafa de Funglode que no actuó como personal de seguridad arreando a sus colegas criollos.
Debió informarse con antelación que serían sacados tras la tercera canción. (La gerencia artística de Liza así lo establece por contrato).
Los fotógrafos estarían limitados a un espacio físico tan reducido e inmovilizado. Hay razones de seguridad para impedir que los fotógrafos, en una sala que está el Señor Presidente y la Primera Dama, anden por doquier tomando fotos, pero la forma en que se hizo no fue elegante.
La funcionaria de Funglode, fotógrafa ella, incluso utilizaba su espalda para mantener a raya a los fotoreporteros mientras ella, en posición adelantada, hacia sus fotos. Hizo el rol de personal de seguridad y de fotógrafa privilegiada.
Así vivo
El gran instante emotivo lo protagonizó Adalgisa Pantaleón cuanto interpretó la última de sus cuatro intervenciones, Así Vivo, que dedicó a la memoria de Freddy Beras Goico. Cual si fuera impulsado por un resorte invisible, el público se puso de pié y tributó un emotivo y extendido aplauso para introducir una canción que le erizó la pie a ella y a centenares de los asistentes. La artista terminó llorando y aplaudiendo junto al homenaje de la platea al más grande de los artistas de la televisión.

