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Una pesadilla desde la prisión

Una pesadilla desde la prisión

He aprendido que una cosa es la prisión desde afuera y otra cosa es experimentarla desde adentro.  Que conste, lo que está escrito en papeles si usted lo lee sin la “hermenéutica de la sospecha”, se lo cree, lo promociona y lo difunde como verdadero procesos democrático de nuestro gobierno, para ser más exacto, nuestro sistema de “Justicia Criminal”.

Una de las cosas que asimismo he logrado aprender es toda la retórica colonialista que se utiliza dentro de la prisión con el propósito de presentar una imagen falsa. 

El discurso donde se quiere hacer creer que los/as presos/as somos todos/as culpable de cometer crímenes contra el orden legal, que somos salvajes, que se está protegiendo a la sociedad, es parte de ese discurso colonial que intenta ocultar las políticas de encarcelamiento que no pueden explicar cómo el 60% de la población penal aquí en Estados Unidos es Latina o Afro-Americana.

O sea que en este momento la disparidad de encarcelamiento es más de seis veces más alta para personas negras y latinas cuando lo comparamos con personas blancas. 

Esa realidad yo la puedo ver todos los días dentro de este edificio o espacio colonial que llaman Metropolitan Correctional Center de la ciudad de Nueva York.

Asimismo este espacio colonial, el cual está marcado racial y étnicamente, también hay que analizarlo desde la  realidad de clase.  Esto puesto en arroz y habichuelas es un almacén para la gente pobre.

 Por lo tanto el análisis de la lucha de clase en este espacio de pesadillas debe llevarnos a reconocer que nuestro capitalismo corporativo y las medidas diabólicas neoliberales han demostrado una vez mas lo que ya sabíamos: “La gente pobre va a la cárcel y la gente rica no comete crímenes”.

Pero asimismo surge otra realidad social de análisis en este espacio colonial y es que cada día más mujeres son sentenciadas siendo esto, en este momento, el grupo con mayor crecimiento de personas que están siendo encarceladas. En este espacio colonial, MCC-NYC, el segundo piso está lleno de dominicanas y colombianas.

Otra realidad dentro de este espacio colonial lo es la constante violaciones de derechos humanos y civiles que se realiza diariamente contra la  población encarcelada.

 En este espacio quienes se han proclamado los/as protectores/as de la moralidad del pueblo han declarado en la práctica que los servicios médicos son un privilegio que ellos/as otorgan a quienes ellos/as creen que se lo merecen.  Mi crisis de salud dentro del hoyo (calabozo) me corroboró esta realidad, pero aun más, la realidad que cada día vivo con estos hermanos y compañeros presos que se las pasan mendigando para poder ver al médico y luego para que les den los medicamentos.

La otra realidad dentro de espacio colonial lo es la comida.  Constantemente nos dice: den gracias a Dios que les estamos dando algo de comer. O sea, que por lo menos, aunque no sea una dieta apropiada, te dieron algo.

Ese no es el asunto.  Hay un derecho que como persona presa se supone que tenga y los mismos se están violando.

Tome por ejemplo mi compañero de celda Miguel quien llegó a este lugar con una operación de la vesícula con medicamentos y una dieta desde otra prisión.

Lleva tres meses en este espacio colonial y no le dan seguimiento médico. El director de la cocina se quejó porque ponerlo en una dieta sale mas costoso y los médicos no aparecen para resolver un problema de dolor abdominal, nauseas, diarreas, y mareos. Un cuadro clínico que ya lleva tres meses.

En este espacio colonial la peor parte la llevan a mi juicio quienes fueron secuestrados en Colombia y los trajeron a Estado Unidos por casos de drogas que se supone sucedió en Colombia. Pero por desgracia, el gobierno de E.U. le regala unos 40 millones de dólares al gobierno colombiano para que le entregue a toda esta gente, que llegan, no saben inglés, no conocen las leyes y les dan un/a abogado/a que lo primero que les  dice es que se declaren culpables. 

Aquí tengo un buen amigo de esos que fue secuestrado   colonialmente en su país Colombia, una neo-colonia estadounidense y la última vez que vio a su abogado ya hacen casi once  meses.

  Otro grupo que lleva la peor parte son quienes serán deportados/as. Aquí en mi unidad tenemos un montón siendo en su mayoría dominicanos, luego colombianos y después mejicanos.

Estos hermanos o compañeros viven en este espacio colonial en una incertidumbre que les produce muchos cambios emocionales físicos y espirituales.

 Tú te acuestas y no sabes si a las 4:00 A.m. o 5:00 A.m. de la madrugada te van a empacar para sacarte del país. Una doble condena aquí y tercera a su llegada a su país de origen.

  Asimismo hay otro grupo clasificados como “personas locas” que no las pasan muy bien en ese ambiente.  A estos hermanos y compañeros los desprecian los demás presos y los/as oficiales de corrección.

Cuando aquí se riega en este espacio colonial que alguien está loco, se jodió. Es como si caminara por la unidad con la marca del anticristo.

No hay que ser psicólogo/a o psiquiatra para saber que estos hermanos y compañeros necesitan un mayor y mejor tratamiento dentro de un contexto de salud mental.

Ahora bien, y que quede claro, este medio ambiente de encarcelamiento junto al tratamiento que te dan en este espacio colonial es una tortura mental o sea, primeramente quien llegó emocionalmente “desajustado  se desajusta mas”.

Y por otro lado, quien no lo estaba, este es el mejor lugar para desajustarse.  Este espacio colonial te deprime, te aísla, te quitan la esperanza, te ahoga y no te deja ver alternativa.  Aquí el suicidio psicológico, desconectarse uno de la realidad – y el suicidio físico-matarse, es una salida honrosa. Dios nos da permiso.

  En este espacio colonial se pueden sentir diariamente los efectos negativos de la encarcelación.

Por un lado la injusticia etnia y racial. Por otra lado la destrucción familiar.  Toda persona que está presa, asimismo tiene encarcelada a toda su familia y a todas esas personas con las cuales tiene una relación de amor solidario.

(El padre Luis Barrios está preso en una cárcel de Nueva York).

El Nacional

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