Opinión

Una vieja carta de Bosch

Una vieja carta de Bosch

El 26 de septiembre de 1963, Juan Bosch, líder del Partido Revolucionario Dominicano entonces, escribió una carta que luego leyó al pueblo: “Ni vivos ni muertos, ni en el poder ni en la calle se logrará de nosotros que cambiemos nuestra conducta. Nos hemos opuesto y nos opondremos siempre a los privilegios, al robo, a la persecución, a la tortura”.

“Creemos en la libertad, en la dignidad y en el derecho del pueblo dominicano a vivir y a desarrollar su democracia con libertades humanas pero también con justicia social. En siete meses de gobierno no hemos derramado una gota de sangre ni hemos ordenado una tortura ni hemos aceptado que un centavo del pueblo fuera a parar a manos de ladrones”.

“Hemos permitido toda clase de libertades y hemos tolerado toda clase de insultos, porque la democracia debe ser tolerante; pero no hemos tolerado persecuciones ni crímenes ni torturas ni huelgas ilegales ni robos porque la democracia respeta al ser humano y exige que se respete el orden público y demanda honestidad”.

“Los hombres pueden caer, pero los principios no. Nosotros podemos caer, pero el pueblo no debe permitir que caiga la dignidad democrática”.

“La democracia es un bien del pueblo y a él le toca defenderla. Mientras tanto, aquí estamos, dispuestos a seguir la voluntad del pueblo”.

Así hablaba un hombre que, a pesar del golpe de Estado que lo derrocó, continuaba creyendo en la democracia como sistema de gobierno. Luego se hizo marxista y terminó sus días en la ignorancia por la enfermedad que aniquiló sus facultades intelectuales. 

(Y así, sin memoria, y sin luces, fue llevado por sus alumnos al acto más ignominioso de su vida: la firma del Pacto por la Democracia, un acuerdo racista y perverso,  junto a Joaquín Balaguer, para cerrarle al paso al Palacio Nacional a quien fuera por muchos años su hijo y alumno político y moral más aventajado,  José Francisco Peña Gómez).

El mal de Alzheimer que padeció Bosch  lo padecen hoy, acomodado a sus mezquinos intereses económicos, todos los peledeístas que han olvidado la práctica y las enseñanzas de su líder.

El Nacional

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