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Una vivienda como caída del cielo

Una vivienda como   caída del cielo

 

Con más de 70 años a cuesta, 16 de ellos ciego y viviendo prácticamente a la intemperie, Luis Castillo, mayor retirado de la Fuerza Aérea Dominicana, logró hacer realidad el sueño de su vida: “un techo digno donde pasar junto a su esposa los últimos días de su vida.

Siendo uno de los mejores mecánicos de aviación de su época, con 35 años de servicio en la institución, perdió la vista durante un accidente de tránsito en la avenida Venezuela, en 1998, razón que motivó su puesta en retiro.

Tras quedar ciego tuvo varios meses sometido a terapia de rehabilitación para poder adaptarse a su nuevo estado, en momentos en que la miseria comenzaba hacer estragos en el seno familiar.

Sin embargo, en el mundo de tinieblas en que vive, a este oficial de trayectoria inmaculada le llegó una luz al final del túnel, pues la Junta de Retiro del Ministerio de Defensa enterada de su situación decidió asumir el reto de construir y amueblar una vivienda para Castillo y convertir esa casucha en un hogar real.

Esta semana el ministro de Defensa, almirante Sigfrido Pared Pérez y el presidente de la Junta de Retiro de ese ministerio, mayor general Hugo Rafael González Borrell, entregaron las llaves de la vivienda a Castillo y su familia, lo que de acuerdo a su testimonio es más importante que si recobrara la visión, ya que en la casa podrá albergar dignamente a su esposa y dos de sus cuatro hijos que viven con él.

Agradeció al presidente Danilo Medina, al almirante Pared Pérez y al general Borrell el gesto de solidaridad para un oficial retirado y en condiciones especiales, ya que por su condición de ciego no pudo insertarse en el aparato productivo para conseguir el sustento de su familia.

Explicó que adquirió ese solar hace 40 años y que construyó allí una modesta vivienda de madera para su madre, quien poco después murió, y que entonces decidió ocuparla con su familia con la finalidad de reconstruirla, pero que en ese momento llegó el inesperado accidente automovilístico donde perdió la visión y con ella la esperanza de una vivienda decente.

El nivel de deterioro de la vivienda era tal que tanto su esposa, Denis Lucía Matos de Castillo, con quien lleva 32 años de casado, así como las dos hijas del matrimonio tuvieron que “arrimarse” donde parientes, debido al peligro que representaba, ya que la madera estaba podrida y ante cualquier brisa podría sucumbir.

Ahora, toda la familia está unidad.

En el año 2010, Jenniffer Ventura publicó en su blog un llamado de auxilio a favor del Castillo, en que señalaba que: “es normal quejarse por lo que no tenemos, por lo que nos hace falta, pero ver alguien que se moja cuando llueve, se quema los dedos cuando intenta encender la estufa porque está ciego, que el gas no se lo quieren echar porque el tanque no tiene condiciones y cuando consigue comida, no puede masticar bien porque tiene problemas con los dientes; entonces nos damos cuenta que hay personas que necesitan nuestra ayuda”.

Anteriormente, el programa de televisión Zona 5 y el periódico Hoy habían destacado en reportajes las condiciones de miseria de este oficial, entrenado para ofrecer mantenimiento a los aviones de la Fuerza Aérea, pero también de una inquebrantable vocación militar.

Asegura que a pesar de llevar más de una década sin poder ver, aún puede identificar por el sonido el tipo de avión que se encuentra en el aire e incluso puede dar un aproximado de la altura a que vuela.

Narró cuando logró comunicar al general González Borrell sobre la situación de penuria por la que estaba pasando, de inmediato llegaron hasta la rancheta donde vivía una comisión de la Junta de Retiro, atendiendo instrucciones del ministro de Defensa para que se contactará la situación y se buscará una solución inmediata.

Explicó que la vivienda fue construida en un tiempo récord de 12 días, por lo que los albañiles trabajaban hasta 16 horas diarias.

“Hoy soy un hombre feliz gracias al almirante Pared Pérez y al general Borrell”, expresó mientras de sus ojos dos hilos de lágrimas humedecían sus mejillas.

El Nacional

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