Los haitianos en Bávaro
El problema de la creciente presencia haitiana en nuestras zonas hoteleras, y particularmente en Bávaro, tiene complicaciones que dificultan controlarlo.
Hay aspectos de los que no hablan los críticos de la presunta inacción de la Dirección General de Migración, organismo al que exigen resolver una situación que los propios hoteleros han fomentado.
Hace poco vi una andanada por parte de un amigo y coterráneo contra el general José Aníbal Sanz Jiminián, director de Migración, porque no había contrarrestado la problemática de la creciente presencia haitiana en Bávaro, a pesar de que se había comprometido a ello.
Se hacía eco del disgusto imperante entre los hoteleros de la zona, porque el funcionario dizque no había cumplido el compromiso pactado con ellos, de afrontar el problema.
Y refería que en un conteo realizado en julio del año pasado se contabilizó a 16 mil haitianos residiendo en la zona, la mitad de ellos trabajando en la construcción de obras de infraestructura, y que según estimados recientes esa cantidad aumentó a 20 mil en los meses siguientes.
Evita decir, sin embargo, que el aumento de la población haitiana en la zona ha sido alentada por los propios hoteleros, quienes los contratan para la construcción de sus obras porque eso les permite abaratar costos.
A los obreros haitianos les pagan menos que a los dominicanos y eso lo sabemos todos aunque a la hora de culpar a otros muchos omiten ese detalle.
Lo normal en todas las sociedades del mundo es que en la medida de sus posibilidades los obreros se establezcan a vivir en la periferia de sus centros de trabajo, y los haitianos que viven en territorio dominicano no tienen porqué constituirse en la excepción.
En Santo Domingo tenemos el pequeño Haití en las proximidades del Mercado Modelo de la avenida Mella, y hemos visto cómo los haitianos han copado barrios de la periferia de Santo Domingo, porque en esos lugares encontraron trabajo en las diferentes áreas.
De manera que si han sobrepoblado a Bávaro o cualquier otra zona, eso tiene su explicación en que en esos lugares encontraron trabajo, proporcionado por los dueños de hoteles en ese centro turístico o en el lugar de que se trate.
Debo aclarar que al emitir estos juicios no trato, en modo alguno, de liberar de responsabilidad al director de Migración a la hora de enfrentar el problema. Lo que digo es que, si de lo que se trata es de contrarrestar la formación de los barrios de miseria en que se asientan los haitianos en los alrededores de sus centros de trabajo, los propios hoteleros de Bávaro están llamados a hacer un aporte significativo en esa dirección.
Como primer paso deben ceñirse a las cuotas que establece la ley a la hora de la contratación de mano de obra extranjera, porque nadie ignora que cuando un obrero consigue trabajo en un lugar, lo normal es que trate de también colocar allí a familiares y amigos.
Es por eso y por ninguna otra cosa que las zonas de los grandes centros turísticos se hayan poblado o sobrepoblado de haitianos con el paso de los años.
Incluso, ya en algunos lugares no se limita su contratación a los trabajos de construcción, sino que intervienen en actividades que en muchos casos implican interacción con turistas extranjeros.
Pero cuando los amigos hoteleros se dan cuenta de que el problema se les ha ido de la mano claman a los cuatro vientos para que les saquen a los haitianos de sus centros de influencia porque perjudican sus negocios, y acusan a Migración de lentitud o desinterés en afrontar el problema que ellos mismos crearon.
De manera que parece injusto cargarle el dado a quien menos ha aportado al surgimiento de la problemática. Más bien es hora de aunar voluntades como único recurso capaz de revertir la situación.
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