¡Y no les da vergüenza!
Hace poco los dominicanos amanecimos un día con una aberración jurídica que nos pesará por mucho tiempo.
Dejé pasar unas dos semanas para tratar el tema esperanzado en que tal vez el Poder Ejecutivo detendría esa aberración, pero en vez de eso, la promulgó.
Los señores legisladortes aprobaron una ley de amnistía a favor de los empleadores que echaron en sus bolsillos el dinero que descontaron a sus empleados y trabajadores por concepto de cuotas para la Seguridad Social.
O sea, de lo que hablamos es de una acción tipificada como delito en cualquier otro país del mundo, y que aquí es premiada con su legalización.
Claro, a los que así obran hay que hacerles leyes que protejan sus andanzas, porque son los que costearon la campaña electoral y costearían otras por venir.
Pero los señores legisladores fueron electos no para velar por los intereses de sus patrocinadores sino para legislar a beneficio de la sociedad dominicana, que es la que les paga sus jugosos salarios y casi irritantes privilegios.
Si una parte del empresariado tomó para si las cuotas pagadas por sus empleados y trabajadores por concepto de la Seguridad Social, lo que correspondía era encausar judicialmente a los que incurrieron en esa práctica delictiva.
Pero como somos el país de las maravillas, nuestros legisladores les hicieron una ley de incentivo al robo que menosprecia de manera vergonzosa el derecho de los empleados y trabajadores estafados por esos empleadores.
Con la aprobación de esa ley de amnistía he sentido la vergüenza ajena, y me atrevería a apostar peso a morisqueta que no soy el único en esa situación.
Y creo que se puede apostar sin riesgo de perder, a que dentro de unos años tendremos a otros sacrificados empleadores a los que haya que amnistiar porque se apropiaron de lo ajeno.
Incluso, pienso que tal vez nuestros sacrificados comerciantes reúnen méritos suficientes como para que les hagan una ley que proteja su vocación hacia la especulación y al agiotismo.
Ya está asentada la jurisprudencia, como dicen los abogados, por lo que las próximas gestiones congresionales no tendrán que inventar nada para garantizar que ni siquiera la ley pueda tocar los intereses de los patrocinadores de diputados y senadores.
— Robe ahora, y lo amnistiaremos después.
Pudiera ser una interesante promoción si de sinceridad se tratara en las propuestas de futuros aspirantes a legisladores, porque sería capaz de sensibilizar a muchos con posibilidad de acceder a dinero ajeno.
Y como ya pocas cosas causan vergüenza…

