La primera línea del Metro de Santo Domingo, inaugurada el jueves último, se erige como obra emblemática de la ingeniería dominicana y un paso trascendente en la solución definitiva del caótico sistema de transporte de pasajeros en el gran Santo Domingo.
Miles de ciudadanos acceden cada día a modernas y confortables estaciones para abordar el Metro que recorre 14 kilómetros en doble, vía Norte-Sur, desde Villa Mella hasta el Centro de los Héroes, en travesía que abarca decenas de barrios, universidades, centros fabriles, bancos, tiendas, escuelas y liceos.
El Metro se ha convertido en gran atractivo, no sólo para residentes del Distrito Nacional y provincia de Santo Domingo, sino también para miles de visitantes desde ciudades de provincias que viajan a la capital para disfrutar de un paseo en sus vagones.
Usuarios habituales del Metro se ahorran hasta 30 pesos diarios en un transporte puntual, moderno, rápido, eficiente, cómodo y seguro, lo que obliga a admitir que ha valido la pena la inversión que se ha hecho en su construcción y puesta en operación.
Se resalta el ambiente de orden, higiene y respeto al pasajero que prevalece en todas las estaciones y en el interior de los carruajes, cuya responsabilidad está a cargo de un cuerpo de seguridad muy bien entrenado y personal responsable de la limpieza de los trenes y de las áreas de recibimiento de pasajeros.
La operación de esa primera línea del Metro de Santo Domingo demuestra que con provisión de recursos y adecuada transferencia tecnológica, la ingeniería dominicana está en capacidad de acometer grandes obras, como antes quedó evidenciado con los diseños y construcción de presas, autopistas, túneles y elevados.
Con apenas unos días en funcionamiento, los efectos positivos de esa extraordinaria obra saltan a la vista, especialmente con el ahorro de dinero y tiempo y las garantías de seguridad que ofrece ese sistema de transporte a los usuarios, lo que se traduce en mayores niveles de productividad.
Se requiere que operadores y usuarios ayuden a preservar esa obra y sus niveles de excelencia en el servicio, como forma de estimular al Gobierno a acometer la construcción de una segunda Línea, que incorporaría a más de tres millones de personas a un sistema de transporte fiable, rápido, barato y decente. El Metro vale la pena.

