Se ignoran las razones por las cuales el Gobierno aceptó que resida en República Dominicana un ex convicto cubano que llegó a introducir 75 toneladas de cocaína a Estados Unidos, en cuyas cárceles cumplió condena de 20 años por narcotráfico y lavado de dinero.
Willie Falcón ya fue deportado a Santo Domingo por el Departamento de Inmigración estadounidense, después que sus abogados solicitaron al Departamento de Justicia que no fuera repatriado a Cuba, donde sería condenado a muerte por su participación en varios intentos por asesinar al presidente Fidel Castro, con el auspicio de la Agencia Central de Inteligencia (CIA).
Ese señor también fue acusado de operar un sicariato para asesinar a sus rivales en las operaciones de contrabandos de drogas desde Colombia a Florida, donde se le conocía como “el vaquero de la cocaína”.
El canciller Miguel Vargas Maldonado afirmó que “hubo una negociación de Gobierno a Gobierno, por el tema de seguridad nacional, que lo manejó directamente el DNI”, (Departamento Nacional de Investigaciones), aunque no pudo enunciar una sola razón valedera para aceptar aquí a un capo de ese nivel.
Se recuerda que en la década de los 80, el Gobierno dominicano acordó con España acoger como exiliados a un grupo de militantes de ETA que pretendía la independencia de la Comunidad Autónoma del País Vasco, pero no se tiene memoria de acuerdo similar para aceptar como residente a un extranjero narcotraficante.
Falcón no solo operó uno de los cárteles más poderos y prósperos de contrabando y distribución de drogas en Estados Unidos, sino que también fungió como terrorista al servicio de la CIA para atentar contra la vida de un jefe de Estado extranjero, por lo que quien ya reside aquí no es un integrante del coro Santo Niño de Atocha.
El canciller Vargas Maldonado ha dicho que Falcón residirá en República Dominicana en virtud de un acuerdo con Washington que implica razones de seguridad nacional. ¿Seguridad para Estados Unidos?, porque ese ex convicto, por su largo historial criminal representa un peligro para la seguridad interna de este país.
Lo menos que se puede reclamar es que el Gobierno explique con lujo de detalles el contenido de tan misterioso y perjudicial acuerdo con el Gobierno de Estados Unidos, mediante el cual esa nación se libera de un peligroso capo que aquí se acoge como si fuera un misionero del Vaticano.

