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Ven por falta de voluntad

Ven por falta de voluntad

SANTIAGO.  Lo incógnito de Haití y sus relaciones formales e informales con la República Dominicana es la medida de todas sus paradojas y contrariedades.

Por demás, los incidentes, en ocasiones violentos, continuarán a nivel fronterizo y otras zonas del país en razón de una fuerza urgentísima y vital: la necesidad. Aunque ha sido escasamente reseñado, por ejemplo, residentes en Dajabón habían dado a mediados de semana 72 horas a las autoridades dominicanas para que repatriaran a los haitianos residentes en sus comunidades, a uno de los cuales, que fue apresado al oeste del río Masacre,  acusan de matar a un compatriota. Estos conflictos se han hecho comunes.

Una persona desesperada, desempleada, hambrienta y desasistida es capaz de cualquier cosa en cualquier lugar.

En esa situación hay miles de haitianos en este país tras cruzar el límite crítico y simbólico apenas llamado la frontera.

Lo más cierto con Haití es la presencia permanente de la incertidumbre.

Ese ejercicio de penumbras  es el hábito de cada día. Nadie que lleve cifras se va a atrever a precisar la última palabra sobre estadísticas seguras.

De noche, a la luz del día y de madrugada pueden ocurrir todo tipo de acontecimientos marginales que destruyen al hilo cualquier ensayo de racionalidad probable.

No se sabe, nadie sabe, cuántos haitianos cruzan cada hora, día, mes y año hacia territorio dominicano en busca de la vida.

No se sabe cuántos haitianos hay, asentados unos, caminando sobre el territorio, casi sin cesar, otros. No se sabe todo lo que hacen pero se sabe que hay una cantidad apreciable de ellos que no hace, en razón de ausencia de posibilidades, nada.

No siempre se sabe qué comen, cómo atienden sus necesidades orgánicas inmediatas, qué asesorías recibe esa gran masa de seres desplazándose por campos, ciudades y cualquier vecindario.

No se sabe en realidad cuál es el volumen real de ingresos que ellos tienen y cuánto envían como remesa a su territorio.

No se sabe qué medidas tecnológicas, aunque se tiene entendido que ninguna, han implementado en la frontera para al menos amortiguar el intenso tráfico irregular que perjudica a los mismos haitianos.

Se desconoce cuántas bandas hay en Haití dedicadas a empujar a sus compatriotas a este lado y que incluye a niños, ancianos, enfermos, mujeres, mendigos…

Las incógnitas dominan el complejo tramado económico, político, personal, social y de cualquier especie relacionada con Haití donde lo más confiable, mal que le pese a la realidad, es la duda.

(Al habla, en un barrio, con un haitiano dedicado a esas labores, confesó que cuando los haitianos se resisten a venir él los conmina a hacerlo bajo serias amenazas y la convincente pedagogía del garrote en una mano).

Se desconoce, asimismo, cuándo se implementará un sistema, que tiene más de cuatro años, para regularizar las relaciones Inter-institucionales Haití-República Dominicana. No hay fecha segura sobre cuándo se tornarán más diplomáticas y menos impugnadoras las denuncias sistemáticas contra la República Dominicana y desde este territorio, hechas incluso por domínico-haitianos y en perjuicio directo de la imagen del país. Estas, que crean malestar entre los dominicanos relacionadas con maltratos, que existen, pero sobredimensionados y matizados de amnesia ante la realidad de que  millones de haitianos viven, mal que bien en este lado, la inmensa mayoría sin documentación y casi a la desesperada.

No hay seguridad sobre cuándo habrá una coordinación regulada en los intercambios de haitianos y dominicanos y que curse por canales normales.

No se conoce que tiempo le queda a la casi extinguida masa boscosa haitiana pero se ha dado una fecha tentativa de menos de cinco años después de la cual ellos no tendrán otra opción que echar manos, frenéticamente o como sea, tomándose en cuenta que hay un poderoso instinto, que actúa como ley, por la preservación de la vida, adquiriendo carbón o gas propano con estufas financiadas o donadas, de los recursos dominicanos.

 No se tienen informes relacionados con tantos haitianos que laboran en la industria de la construcción, cuántos dominicanos han sido desplazados y cuánto crecimiento ha tenido en los últimos meses la población de muchachos lustradores de zapatos desde nuestros vecinos en ciudades como Santiago, donde parece haber literalmente uno en cada esquina.

No se sabe el número exacto de ONG dedicadas a la defensa de los haitianos en la República Dominicana aunque se estima que crece con celeridad, competitivamente, y en razón sobre todo de que resulta fácil relativamente obtener financiamiento internacional para su funcionamiento.

Se desconocen las implicaciones de militares, autoridades, personas civiles y más con el jugoso contrabando que pasa por la frontera.

No hay una cifra definitiva sobre ese mercado informal que se estima en cientos de millones de pesos mensuales.

No hay fecha para implementar medidas efectivas que mengüen el caos del que se benefician ambos lados de modo también informal, a expensas de la ausencia de rigores, trámites burocráticos y otras previsiones.

No hay certidumbre sobre cuándo terminarán las presiones diplomáticas europeas y estadounidenses relacionadas con Haití y dirigidas a la República Dominicana.

 Haití requiere la permanente mano solidaria desde un ángulo humano.

Incidentes

Los incidentes  en las zonas fronterizas son considerados comunes entre los países, pero son más frecuentes en el caso de República Dominicana y Haití, por la ausencia de políticas comerciales y migratorias claras. El comercio ni la migración entre Haití y República Dominicana tienen reglas.

El Nacional

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