Muchos siglos antes de 1914, cuando el Congreso de Estados Unidos instituyó por ley la celebración del Día de las Madres, en honor a la activista por la paz Julia Ward Howe, la humanidad ya veneraba al ser dotado con la virtud divina de la procreación.
Miles de años atrás, los griegos veneraban a la diosa Rea, madre de Zeus, Poseidón y Jades, culto sagrado heredado también por los romanos, que dedicaban largas jornadas de fiesta en honor a ese ser, que la Era Cristiana ha inmortalizado en el venerable rostro de María, madre de Jesús, bendita entre todas las mujeres.
Ana Jarvis, hija de Julia, que impulsó la cruzada para que se instituyera el Día de las Madres, en honor a su progenitora que murió en esa fecha, fue encarcelada muchos años después por protestar contra el uso mercantilista de esa festividad.
Los dominicanos conmemoran hoy tan sagrada efeméride con emotivas expresiones de veneración y gratitud hacia la mujer en cuyo vientre se engendra la vida y que entrega su propia existencia al sacerdocio del amor, sacrificio y comprensión hacia sus hijos.
Ningún ser sobre la tierra más tierno y sublime que la madre, dueña tutelar de la concepción para quien sus vástagos, aunque adultos, son y serán siempre seres imberbes a los que deben prohijar calor ante el frío, valor frente a la adversidad y esperanza ante el desaliento.
Nada más parecido al paraíso que el regazo de una madre. Dichoso, pues, aquel que aun disfruta la bendición del beso y abrazo de esa mujer, ante cuyos ojos y corazón, cada hijo significa el mejor regalo de Dios.
La más bella rosa del jardín se deposita hoy sobre la tumba de la madre que ha partido, pero no perecido, porque sus recuerdos imperecederos serán transmitidos de generación en generación hasta el fin de los siglos.
El mejor tributo que ha de dispensarse hoy a las madres dominicanas debe ser el renovado compromiso de luchar por la consolidación de la familia, por una sociedad justa, donde mujer ni hombre sufran a causa del desempleo, falta de vivienda, carencia de servicios de salud y educación o cualquier forma de marginalidad.
El Nacional se inclina reverente ante todas las madres dominicanas y del mundo y ruega por su bendición.

