CARACAS. (BBC Mundo). Venezuela es el segundo país de América Latina donde más se ha reducido la pobreza en los últimos 12 años, detrás de Ecuador, que entre 1991 y 2010 la redujo en 26,4%.
(En el mismo período en República Dominicana la reducción de la pobreza fue de un 5,3 por ciento, ya que en el año 1999 era de un 47,1 por ciento de la población y en el 2010 era de un 41,4 por ciento, de acuerdo con el documento de la Cepal.)
La tendencia regional registró los niveles más bajos de pobreza e indigencia en dos décadas, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).
El 27,8% de los 29 millones de venezolanos viven por debajo de la línea de pobreza. Cuando el presidente Chávez llegó al poder en 1999, era el 49,4%.
Las cifras concuerdan con el discurso de «justicial social» de Chávez pero, contrariamente a lo que se podría pensar, no son consecuencia directa de las llamadas «misiones» (programas sociales).
«A lo que más se atribuye la disminución de la pobreza (en Venezuela) le dice a BBC Mundo Martín Hopenhayn, director de la División de Desarrollo Social de la Cepal es al aumento de los ingresos laborales, mucho más que a los programas de transferencias».
Detrás del caso venezolano hay beneficios extraordinarios por los precios del petróleo, mejoría en los ingresos laborales y mayor distribución de las rentas.
A diferencia de otros países, donde se atribuye al crecimiento económico las mejoras en los niveles de pobreza, en Venezuela la distribución cobró mayor protagonismo.
Mientras que en Argentina el 80% de la variación se debió al crecimiento y el 20% a la distribución, esos porcentajes alcanzaron en Venezuela el 45% y el 55% respectivamente, una de las más altas en la región.
Para el gobierno venezolano la clave pasa por las «misiones», con las que aspiran a tener «en la próxima década cero pobreza», según el vicepresidente Elías Jaua.
Desde que empezaron en 2003, están dirigidas a proveer asistencia médica básica gratuita, alimentos subsidiados y educación primaria y secundaria.
Hay misiones destinadas a reducir el déficit de dos millones de hogares, así como dar asignaciones mensuales a las mujeres embarazadas, familias con niños en pobreza extrema, y ancianos pobres sin pensión, con las que el gobierno se propone reducir la indigencia del 10,7% al 3% de la población.
Pero no todos creen que esa sea la solución a la pobreza en el país.
«Es posible que los ingresos de los hogares puedan mejorar sin que la economía sea más productiva», dice a BBC Mundo el sociólogo Luis Pedro España del «Proyecto Pobreza» de la Universidad Católica Andrés Bello.
«Un ingreso petrolero alto hace que a través del gasto público y los subsidios mejore el ingreso de los hogares, pero una medición de la pobreza sustentada sólo en el ingreso corre el riesgo de verse distorsionada, ¿qué pasa con el acceso a servicios públicos, salud, educación?».

