El discurso doble cara del Gobierno de Venezuela donde desde el podio de la OPEP aboga por un precio elevado del barril del petróleo, pero en el ALBA y Petrocaribe afirma ayudar a los países de la región mediante crédito para la compra del bien, aún no empieza a encontrar resistencia de países, que como República Dominicana, tienden a ser los más afectados.
Venezuela, siendo uno de los precursores de la ola de nacionalización de la producción petrolera, carga con buena parte de la responsabilidad de los elevados precios del barril de crudo.
El gobierno de Hugo Chávez ha desviado irresponsablemente la mayor parte de los petrodólares para engrosar el bolsillo de sus partidarios, obtener favores de sus socios internacionales, armarse su propia propaganda, financiar el desplazamiento de la disidencia y embobar a su pueblo con planes sociales insostenibles que han profundizado la disfunción de la economía venezolana. Todo en perjuicio de la reinversión en exploración y explotación que pudiera satisfacer la creciente demanda, en efecto, auxiliando a impulsar el alza del precio.
Chávez no es el único responsable, ni estuvo solo en la oleada de nacionalizaciones de la producción petrolera que, en efecto, fue copiada en otros países. Pero Chávez es el más cínico al vender la cura para una enfermedad de su propia autoría.
Mientras seguimos perdiendo el tiempo cazando fantasmas de especuladores sin caras, sin nacionalidad, sin banderas, el elevado precio del petróleo está sirviendo de incentivo para que los gobiernos continúen con las nacionalizaciones de la producción, profundizando el problema fundamental.
En el caso de Venezuela, estas alzas llegan para Chávez como regalo del cielo. La maquinaria social bolivariana enteramente petróleo-dependiente se desplomó con la caída de los precios a mediados de 2008, lo que sumió a la economía venezolana en una hecatombe solo comparable con la caída de Haití post-terremoto, reportando crecimiento negativo durante 2 años consecutivos. El petróleo en 3 dígitos significa un enorme alivio para las aspiraciones de Chávez.
Sin embargo, la ganancia de Venezuela significa la desgracia de República Dominicana, que observa como el aumento de los combustibles empieza a tener incidencia en los demás bienes de su economía, genera presiones sobre su balanza de pagos, afecta la posibilidad de cumplir sus metas con el FMI, y empieza a tener repercusiones sociales.
Es poco probable que desde un país como República Dominicana sean denunciadas estas distorsiones, pero considero asqueante y hasta cierto punto ofensivo el ofrecimiento de asistencia externado por el embajador de Venezuela la semana pasada.
Como lamentablemente lo tenemos de único proveedor y socio en la Refinería, asumir una postura de presionar a los países que promovieron la nacionalización a aumentar su inversión en la exploración y explotación de petróleo, sería un despropósito y potencialmente más dañino al corto plazo. No queda más que aguantárnosla, y rezar que en el 2011 pase como en el 2008 que requirió de un Lehman Brothers para volver a darnos un respiro en las bombas de gasolina.

