La Revolución Bolivariana de Venezuela y la Revolución Ciudadana de Ecuador están entre los principales blancos de ataque de la nueva contra-ofensiva estadounidense y oligárquica. El despliegue de esa contraofensiva no es solo de carácter militar, sino además político-electoral e ideológico, mediática y cultural.
Es un contraataque integral y multifacético dirigido a revertir los procesos reformadores y revolucionarios fuera del control de Estados Unidos y sus aliados.
Esto explica la agresividad del apoyo de Estados Unidos a la derecha venezolana en las recién pasadas elecciones. Pero también permite descubrir la razón de ser del golpe de Estado recién abortado en Ecuador.
En Venezuela, las derechas unificadas por dictado imperial no lograron impedir una holgada mayoría simple en la Asamblea Nacional a favor del Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV), pero sí bloquear la posibilidad de la mayoría calificada (los dos tercios). Su principal avance consistió en alcanzar una votación muy próxima a la del PSUV y aliados.
La victoria chavista fue relativa, y eso obliga a una reflexión sobre las causas de ese cambio en la correlación de fuerzas.
En el caso del Ecuador, el sector más reaccionario de la Policía fue la punta de lanza para el despliegue de un plan sedicioso dirigido a debilitar el gobierno de Rafael Correa hasta eliminarlo, aprovechando ciertos niveles de descontento social.
En verdad , intentaron el derrocamiento del gobierno constitucional, pero el plan se fue a pique: la intrépida y aguerrida reacción de Correa y la movilización popular que lo acompañó, desestabilizaron a los desestabilizadores y pudo más el sentido común del pueblo que el aprovechamiento oportunista de fallas previas esgrimidas por sectores izquierdosos para respaldar la insubordinación golpista.
Ahora bien, sería pensar limitadamente quedarnos en el análisis de los efectos de la estrategia de los enemigos de las transformaciones emprendidas, puesto que, además de las embestidas desde fuera, se expresan debilidades, limitaciones y errores de los sujetos y actores del proceso de cambio que lo hacen más vulnerables.
Hay que mirar hacia adentro para erradicar esos errores y esas insuficiencias.
En fin, la firmeza y combatividad que exhiben los valiosos liderazgos de ambos procesos se fortalecerían con una buena dosis de reflexión y espíritu autocrítico.

