El presidente Leonel Fernández ha presentado una fórmula viable de financiamiento a la reconstrucción de Haití que implica la creación de un fondo de diez mil millones de dólares que se alimentaría del pago de capital e intereses de la deuda de América Latina con el Club de París.
Es esa una vía posible que tiene como precedente la condonación del 80 por ciento de la deuda de Irak con ese foro de acreedores, equivalente a 32 mil millones de dólares.
El plan expuesto ayer por el mandatario ante una reunión con representantes de gobiernos de la región y Europa, consiste en depositar en un fondo especial de ayuda a Haití unos dos mil millones de dólares anuales correspondientes al servicio de la deuda de América Latina con los 19 acreedores que conforman el Club de París.
A más de condonar su deuda externa, como ha sugerido Francia, se requiere que economías desarrolladas asuman el costo de reconstruir Haití, por lo que la propuesta del presidente Fernández se presenta como la vía más expedita para tal propósito.
Con excepción de Cuba, que no amortiza su deuda de 29 mil millones de dólares, ni Argentina, que tampoco abona a sus acreencias de 32 mil millones, América Latina paga más de dos mil millones de dólares anuales en el servicio de su deuda con el Club de París, ascendente a US$15,000 millones.
Esos recursos serían insignificantes para las estructuras financieras de Estados Unidos, Europa, Rusia y Japón, pero servirían para emprender un vasto plan de reconstrucción física, jurídica y política de Haití.
Se requiere ahora, que Brasil, México y Argentina, únicos vecinos latinoamericanos miembros del G-20, ayuden a impulsar esa iniciativa en la próxima Cumbre de ese foro, a celebrarse en Canadá, a los fines de que la comunidad internacional comience a redimir su eterna deuda con el pueblo haitiano.
Estados Unidos impuso en el Club de París, condonar 32 mil millones de dólares de Irak, nación rica en petróleo, por lo que no debería oponerse a la creación de un fondo de diez mil millones para la reconstrucción de Haití. Que no sea esto un clamor en el desierto.

