Con su afirmación de que Naciones Unidas (ONU) y la Organización de Estados Americanos (OEA) han demostrado ser infuncionales al no poder lograr el retorno de la democracia en Honduras, el presidente Leonel Fernández coloca el índice sobre una vieja herida, nunca suturada, que haría retoñar gangrena de dictaduras sobre la anatomía política de América Latina.
El Presidente ha dicho una gran verdad, al señalar que la comunidad internacional ha sido puesta en ridículo ante el fracaso de ONU y OEA en desalojar del poder al régimen golpista de Roberto Micheletti.
A pesar de la casi unánime condena mundial contra ese régimen de facto, ninguna de las misiones diplomáticas ha tenido éxito en retornar al solio presidencial al depuesto Manuel Zelaya, quien permanece refugiado en la sede de la embajada de Brasil en Tegucigalpa.
El señalamiento de que ONU y OEA son organismos infuncionales cuando se trata de defender a la democracia, es verdad del tamaño de una montaña, como lo demuestra el hecho de que ante el fiasco de esos organismos, Estados Unidos ha enviado a Honduras una avanzada de sus halcones para dialogar con los golpistas en el idioma del sí, señor, único lenguaje que entienden esos gorilas.
Al advertir sobre la discapacidad de ONU y OEA para restaurar o defender la democracia en América Latina, el Presidente dominicano -se insiste- ha retirado vendas sobre viejas llagas causadas por virus de colonialismo e injerencismo que aún invernan en este traspatio.
Sello gomígrafo
La Asamblea General de Naciones Unidas condenó ayer por 18ava vez el embargo que por casi 50 años Estados Unidos ha impuesto contra Cuba.
El mundo civilizado ha vuelto a rechazar esa velada forma de genocidio contra el pueblo cubano, como lo demuestra el resultado de la votación de 189 países en contra y sólo tres que respaldan ese embargo.
Como ha sido costumbre, Estados Unidos no hará ningún caso a la resolución de la ONU, lo que reafirma su infeliz papel de sello gomígrafo.
