La violencia en Santiago ha cobrado otra víctima. Un comerciante que se resistió a un atraco en la sección La Ciénaga fue abatido ayer a balazos por desconocidos que, de acuerdo con versiones, se desplazaban en una motocicleta.
La muerte de Pedro Luis Martínez, de 49 años de edad y propietario de bancas de apuestas y otros negocios, es un nuevo signo tanto de la inseguridad ciudadana como de la dimensión alcanzada por la criminalidad y la delincuencia tanto en Santiago como en otros puntos del territorio.
El comerciante viajaba en una yipeta cuando fue interceptado por los delincuentes, quienes le habrían advertido que se trataba de un atraco. Al tratar de defenderse recibió los disparos que le causaron la muerte. Los homicidas desaparecieron del lugar tan pronto cometieron el crimen.
Como en otros tantos sucesos se espera siempre que los presuntos responsables sean capturados y traducidos a los tribunales. Pero se tiene que concordar en que hasta que se desmonte la atmósfera que genera tanta violencia no se detendrá esa criminalidad y la delincuencia que tiene en ascuas a la población.
Hace tiempo que Santiago sufre los estragos de una violencia que, como en el resto del territorio, ha convertido en rutina los atracos y asaltos, pero que también, como acaba de ocurrir con Martínez, ha cobrado muchas vidas. Es bueno que se sepa que entre las víctimas figuran militares y agentes de la Policía.
La represión, si bien es un elemento importante, no basta por sí sola para combatir una violencia que exhibe múltiples componentes sociales. Por eso es necesario que se abandone la retórica y hasta la prepotencia con que en ocasiones las autoridades abordan el problema de la inseguridad ciudadana.
La Policía por sí sola no puede más que perseguir y, hasta cierto punto, garantizar el orden público y la seguridad de la gente. Carece de los recursos y hasta de los agentes necesarios, pese a todo el blablablá, para hacer más de lo que hace. Que, en honor a la verdad, es bastante.
Diciembre cerró con una escalofriante ola de violencia, que costó la vida a varias personas. El caso del comerciante muerto en Santiago durante un atraco vuelve a hacer sonar la alarma sobre una de las caras más oprobiosas de la realidad que vive el país. Sin falsas alarmas.

