La prédica de algunos dirigentes del Partido Reformista Social Cristiano en el sentido de que trillarán su propio camino en las presidenciales de 2012, contrasta con el comportamiento cotidiano de esos directivos políticos.
Y no sólo con el comportamiento sino más que eso, con la realidad de que al mismo tiempo no se puede ser dos cosas diametralmente opuestas. El PRSC o es chicha o es limonada.
Cuando importantes figuras del PRSC adelantan su intención de correr solos su albur electoral en 2012, lo que salta al pensamiento de quienes escuchan tales prédicas es si eso supone que dejarán los cargos que ostentan en el gobierno del Partido de la Liberación Dominicana.
La práctica dice exactamente lo contrario, ya que en lugar de perfilar esa posibilidad, los dirigentes reformistas lo que demuestran es su afán de continuar pasándole factura-sobradamente pagada-al PLD y su presidente Leonel Fernández.
Hace unos días escuchaba al presidente del PRSC, ingeniero Carlos Morales Troncoso, adelantar que harán al PLD una oposición concertada, lo cual me disparó hacia los manuales de Ciencia Política y en ninguna parte aparece tal definición.
Y es que usted no puede concertar el tipo de oposición que hará, pues concertar significa negociar, acordar, pactar o llegar a entendidos entre dos o más partes.
El PRSC no puede trillar camino propio, a menos que sus dirigentes dejen los cargos que ocupan, lo cual parece improbable.
Los reformistas están acostumbrados a los empleos públicos porque nacieron adheridos al presupuesto nacional.
Ahora, tantos reformistas ocupan puestos que más bien parecería que fue el PRSC el ganador de los comicios de 2004 y no el PLD.
Y aun así continúan exigiendo cuotas de poder, llegando a la indelicadeza de echarle en cara al PLD que ganó trece senadurías gracias al voto de los reformistas.
Una mentira repetida tantas veces que hasta muchos peledeístas han llegado a creerla, aunque en las instancias superiores se sabe que se trata de un chantaje a lo moderno para alcanzar nuevos espacios de poder.
El PLD ganó en 1996 bajo la sombrilla de Joaquín Balaguer en un pacto que se dijo sin condiciones, pero los herederos del líder no han cesado de pasar factura. No ha habido forma de consideren la deuda saldada.

