Llevo mucho tiempo deseando escribir sobre esa gran artista, que fue Frida Kahlo, nacida en Coyoacán, en las afueras de México, en 1907, y que falleció en 1954. Pero, como ocurre con los que se dedican al arte, cada vez que contemplo alguno de sus cuadros, me da la impresión de que sigue viva, ahí, en su creación, y no he querido que acabe el año sin haber satisfecho mi deseo de comentar sobre ella, aunque falta mucho.
La poliomielitis, en el 1913, le afectó la pierna derecha. Esa fue, con seis años, su primera, pero no última, dolencia seria. Frida inició sus estudios en la Escuela Nacional Preparatoria en el 1922. Allí conoció, y se recreó, observando a Diego Rivera, mientras pintaba su mural «La Creación». Este artista, que posteriormente la llevaría al altar, nació en Guanajuato, el 8 de diciembre de 1886. El talento para la pintura fue desarrollándose en él a partir de sus años escolares y, ese arte suyo, fue el que, en un principio, la encandiló.
El 17 de septiembre de 1926, Frida sufrió un aparatoso accidente, cuando viajaba en un autobús (guagua) que colisionó con un tranvía. Se fracturó la columna vertebral por tres partes, así como la clavícula, tres costillas, la pierna y el pie derecho. Además, un tubo le traspasó la cadera, llegándole hasta el sexo y produciéndole una triple rotura de la pelvis, algo que le impidió el poder procrear. Aquel terrible suceso la marcó durante toda su vida. Mucha de su obra artística refleja su manantial de tragedias y horrores físicos.
Fue durante la convalecencia cuando empezó a pintar sus primeras obras: retratos oscuros, de formas rígidas y tópicas. Sin embargo, al reencontrarse con Diego Rivera, su técnica comenzó a refinarse de forma espectacular. El acontecimiento se produjo cuando éste regresó de Rusia, en 1927, y pintó los frescos de la Secretaría de Educación. Frida le llevó sus primeros cuadros y el pintor mostró interés por la artista y por la mujer. Dos años más tarde, cuando ella tenía 22 años y Diego 43, contrajeron matrimonio. Residieron en Cuernavaca mientras el artista realizaba el mural del Palacio de Cortés.
Aunque se desenvolvió en el ambiente de los grandes muralistas mexicanos, Kahlo instituyó una forma de pintar absolutamente personal, ingenua y metafórica a la vez, fruto de su exaltada sensibilidad y de los muchos acontecimientos que estamparon su existencia. En 1950 fue internada en un hospital debido a una grave infección, consecuencia del injerto de hueso que le realizaron, cuatro años atrás, en la columna vertebral. Pero, ahí, no concluyeron sus problemas de salud, acompañados de su relación con el alcohol, que se fue haciendo cada vez más evidente.
Tras numerosas exposiciones, en diversos puntos del mundo, en 1939, las relaciones con Diego se deterioraron hasta el punto de conducirles al divorcio.
Jamás se sintió verdaderamente surrealista, a pesar de que, en 1938, año en el que arribó a México André Breton y puso su mirada en ella, ciñéndola como parte de la esencia del surrealismo. El artista, entonces, le dedicó el ensayo «Un listón de seda alrededor de una bomba». Pero Frida, al final de sus días, expresó: Pensaron que yo era surrealista, pero nunca lo fui pues no pinté mis sueños sino mi propia realidad».
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