Opinión

Vivencias cotidianas de allí y aqui

Vivencias cotidianas de allí y aqui

“La primera tarea de la educación es agitar la vida, pero dejarla libre para que se desarrolle. Cualquier ayuda innecesaria es un obstáculo para ese desarrollo”.

Tras haber transcurrido sesenta años de su fallecimiento, estas dos frases definen, en parte, el modo de pensar, y de actuar, de María Montessori, pedagoga italiana, licenciada en Medicina en 1896 en la Universidad de Roma. Fue ayudante, el año siguiente, en la cátedra de psiquiatría de la misma universidad.

María nació en Chiaravalle (Italia), el 31 de agosto de 1870, y revolucionó el sistema de enseñanza desenvolviendo una particular técnica conocida como “Método Montessori”. El mencionado método trataba sobre la educación de los niños deficientes mentales, y/o llamados “psicópatas”. Ahora se ha superado, dando lugar a uno más amplio, dirigido a niños sin problemas. María señaló, rápidamente, que estaba convencida de que, el inconveniente de la minusvalía infantil, más que médico, era didáctico. Al exponer sus ideas en el congreso pedagógico de Turín, en  1898, el ministro Baccelli le encargó que impartiese un curso especial a las maestras de Roma. Dicho curso trataba sobre la educación de los niños deficientes mentales y terminó transformándose en una Escuela Magistral Ortofrénica, que fue dirigida por ella misma durante dos años.

Una vez maduro el proyecto, ya hecho realidad, mediante la experiencia y la reflexión, fue expuesto por Montessori en su libro “Il Método della Pedagogía Scientifica Applicato all’educazione Infantile nelle Case dei Bambini”. El innovador sistema se aplicó, en un principio, en escuelas primarias italianas y más tarde se extendió a todo el mundo. Estaba dirigido, fundamentalmente, a la etapa preescolar, basándose en el fomento de la iniciativa y capacidad de respuesta de los niños, mediante el uso de un material didáctico especialmente diseñado para ello. Proponía, y propone, además, una gran diversificación del trabajo y la máxima libertad posible, para que los chiquillos aprendan, en gran medida, por sí mismos y a su propio ritmo revelador.

María marchó, a continuación, a Londres y París para profundizar en sus estudios pero asistió a cursos de Filosofía en la Universidad de Roma y de Psicología Experimental. Estaba convencida de que la educación del niño había de tener su esencial fundamento en el conocimiento científico, somático y psíquico de su propio ser. La lectura de las obras de Itard y de Séguin, ilustres maestros de Francia, la ayudaron a ahondar en los problemas de la educación especial del niño.

Todo ello trajo, en consecuencia, la aparición de una sólida teoría. En 1907, por encargo del “Instituto dei Beni Stabili di Roma”, se inauguró “Montessori” en uno de los barrios obreros y la primera “Casa de los niños”, a la que pronto seguiría otra. La Fundación se difundió por el resto del mundo, tomando el carácter de institución independiente.

María Montessori falleció en 1952, en Noordwijk (Holanda) y le debemos una gran aportación al mundo de la pedagogía, un innovador sistema, de gran ayuda, sobre todo  en el período de formación preescolar.

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación