Aida Trujillo Ricart
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Nelson Mandela, el grandioso
¿Qué podría yo escribir sobre este gran hombre que no se haya escrito ya? Las publicaciones sobre su reciente fallecimiento son muy numerosas pero quiero, con estas breves líneas, rendirle mi homenaje personal. Un ser humano que, a pesar de sus 27 años de inmerecida reclusión carcelaria, uno veía, a través de los medios de comunicación, invariablemente, enarbolando una ancha sonrisa. Siempre le admiré y me alegro que haya tenido una larga vida que dedicó, sobre todo, a la lucha contra el atroz apartheid del que fue presa su país. Nelson Mandela nació el 18 de julio de 1918,en el seno de un clan real, en el Transkei. Su padre le llamó Rolihlahla, “el que trae problemas” en lengua xhosa, y un maestro le añadió el apelativo de Nelson.
Al salir de la cárcel, el prisionero cuyo número de identificación era el 46664, abrazó a las personas que lo habían encarcelado y tratado brutalmente. Orientó su energía, la que nunca pudieron arrebatarle, en alcanzar una auténtica reconciliación en un país asolado por tres siglos de segregacionismo impuesto por la minoría blanca. Su estancia en el presidio lo moderó, enseñándole a canalizar sus artes de seductor para obtener unos objetivos políticos realistas. Ingresó lleno de ira y salió sabio, inspirado por la certeza de que la tregua obtenida en su juicio en el 1964, que le condenó a cadena perpetua, en lugar de a muerte, le exigía cumplir su destino como futuro liberador de su pueblo. Asumió el positivo hecho de que el enemigo no caería aniquilado por las armas y que habría que convencer a los surafricanos blancos para que cediesen el poder a las buenas y acabasen con el apartheid por decisión propia. Por esta noble lucha, en el 1993 recibió el Premio Nobel de la Paz junto a su colega en la transición, último presidente del apartheid, Frederik de Klerk. Aunque fue venerado por los negros se ganó también el afecto de los blancos, admirados por su falta de resentimiento.
Su gran objetivo, el cual alcanzó, fue establecer las bases de una nueva democracia y alejar el riesgo de una contrarrevolución terrorista. Mandela logró un nuevo y potente fenómeno social, inconcebible en los años del apartheid: una clase media negra floreciente. A pesar de que hubiese podido emprender una redistribución de la riqueza nacional, es muy probable que ese hecho hubiese provocado una guerra civil entre razas. El motivo por lo que él siempre lidió fue por y para conseguir la democracia. Una vez ganada, su primacía pasó a ser obtener la paz. También se dedicó al servicio de causas como la lucha contra el sida y por la infancia desfavorecida.
Fue padre de cinco hijos habidos de sus matrimonios con Evelyn Wase (1944) y con Winnie Madikizela (1958). A los 80 años de edad se casó con Graça Machel, 27 años menor que él. Acaecieron en su vida dos asuntos que le dolieron enormemente: la prisión que le impidió ver crecer a su progenitura y el sida que le mató en el 2005 al mayor de sus hijos, Makgatho. Nelson Mandela, el primer presidente negro de Sudáfrica y hombre clave para acabar con el régimen racista del apartheid falleció a los 95 años en su casa de Johanesburgo, rodeado de su familia. La salud de Madiba (abuelo), como tiernamente se le conocía, era frágil desde hacía tiempo. Con él se desvanece una de las figuras claves del siglo XX y un símbolo de la capacidad de los pueblos para superar el pasado.El arzobispo Desmond Tutu, Premio Nobel de la Paz y una de las personas más cercanas a él, definió, como su gran cualidad, la magnanimidad
Aída Trujillo Ricart http//aidatrujillo.wordpress.com/
