Día de la madre en España y… el hijo ausente
El 6 de mayo, por ser el primer domingo de este mes, se celebró el Día de la Madre aquí en España, al contrario que en la República Dominicana que es el último.
De modo que, desde hace ya siete, mi sufrimiento por la pérdida de mi hijo Jaime Mª, se ve incrementado, si es que eso es posible ya que su fallecimiento, cuyo aniversario será en julio, ha sido el golpe más duro que la vida me ha dado.
Ruego al lector que me disculpe por escribir sobre algo tan personal pues lo único que pretendía era comentar el tema de las fechas: aquí celebración el primer domingo de mayo, allá el último.
Pero me ha resultado imposible omitir este doloroso dato puesto que, un día que debería ser alegre, para mí se ha convertido en uno de tristes recuerdos.
Jaime Mª, mi hijo q. e. p. d., cumpliría el día 2, en el momento en el que escribo estas líneas, tan solo 45 años de edad. Pero, a los 37, un paro cardíaco se lo llevó, sin previo aviso y estando él sólo en la habitación que ocupaba en un emblemático sector madrileño. Y, hasta dos días después, extrañado por su ausencia, no fue descubierto, ya cadáver, por un primo suyo que vivía cerca de él.
Me encontraba yo, por aquel entonces, residiendo en Santo Domingo capital, compartiendo apartamento con mi única hija hembra, Haydée, y mi perrito “Craken”, de raza Schnauzzer que, con quince años y medio de edad, había muerto entre mis brazos dos semanas antes. Aquel animalito me había sido regalado por este hijo, hoy ausente, y estoy convencida de que fue su instinto, además de la edad, el que le hizo abandonar este planeta: ¡ya había vivido demasiadas cosas junto a nuestra familia!
No vayan a pensar que el afirmar esto es debido a que perdí la razón, aunque no era para menos… Creo que los animales, al igual que los seres humanos, tienen un sexto sentido que les hace presagiar ciertos acontecimientos. Existen numerosos ejemplos que podemos comprobar si ahondamos en la historia mundial. La diferencia es que ellos, los animales, a diferencia de nosotros, no sienten ningún pudor en expresar su premonición.
En resumen, tras la muerte del animalito, un día cualquiera en el que me encontraba decorando las paredes de mi cuarto de baño, el taburete en el que estaba encaramada cedió y, si no perdí mi ojo izquierdo fue, como me explicó el galeno, porque el pincel me hirió por el lado de la brocha.
Aquello resultó ser para mí un mal presagio pues, desde entonces, mi hijo no me cogía el teléfono. Y él solía llamarme casi todos los días. Mi hija me llamó exagerada pero mi corazón cada vez sentía más la certeza de que algo iba muy mal. Y así fue. ¡Dios tenga a mi hijo en Su Gloria!

