Esta es una enfermedad a la que muchas personas no consideran como tal. Piensan que sólo es necesario hacer un esfuerzo y animarse. Entonces el enfermo se siente solo, pues tal esfuerzo le resulta colosal, no le comprenden, y procura no comentarlo con quien no la haya padecido. Puede producirse a consecuencia de situaciones dolorosas, la depresión postraumática, o bien, sin existir un motivo aparente, la endógena.
El estrés postraumático puede surgir tras uno haber visto, o experimentado, algún trauma, brotar a cualquier edad y manifestarse debido a distintas causas: un desastre natural, la pérdida de un ser querido, un atraco, violencia doméstica, encarcelamiento, violación, soledad prolongada, abandono, terrorismo, guerra, y un largo etcétera.
Según los científicos, la auténtica causa de este trastorno, que cambia la respuesta del organismo, afectando peligrosamente los neurotransmisores, aún se desconoce. Es posible que, en ello, puedan intervenir factores psicológicos, genéticos, físicos y/o sociales. Tampoco se sabe por qué, en cualquiera de los casos, algunas personas lo padecen y, sin embargo, otras no. El tener antecedentes consigue incrementar el riesgo de sufrirlo tras ocurrir algún acontecimiento doloroso posterior. Sus síntomas están clasificados en tres categorías principales:
1. El revivir constantemente el hecho. El incidente parece estar sucediendo de nuevo, una y otra vez. Los recuerdos son reiterativos y angustiantes, produciendo, en ocasiones, pesadillas relacionadas con el mismo y fuertes reacciones físicas, tales como enfermedades y malestar general, a veces continuo.
2. La evasión, que tiene como consecuencia una falsa insensibilidad que lleva a las personas a sentirse como si nada les importase y a no recordar detalles importantes del trauma. Muestran falta de interés en las actividades normales, ya sean personales o profesionales. Evitan contactar con otras personas, lugares o pensamientos que le hagan recordar el hecho y tienen una continua sensación de un futuro incierto.
3. La excitación, que dificulta su capacidad para concentrarse y hace que, el sujeto afectado, se sobresalte fácil y exageradamente y esté en estado continuo de alerta. Produce irritabilidad frecuente y/o ataques de ira, dificultades para conciliar el sueño o, en contrapartida, el dormir más de lo normal. Sentimientos de culpa, como es la llamada «culpa del sobreviviente», agitación, mareos, desmayos, palpitaciones cardiacas, caída del cabello, dolores de cabeza, etcétera.
Los expertos en esta materia aseguran que no existen exámenes que puedan diagnosticar esta penosa enfermedad. La calificación se hace basándose en ciertos síntomas. La OMS prevé que, este mal, en menos de diez años, se convertirá en una causa de discapacidad que superará los accidentes cerebro vasculares, los de tránsito y/o las enfermedades pulmonares y cardiacas.
El tratamiento químico puede ayudar a prevenir el progreso de la depresión. El apoyo afectivo y la comprensión son condiciones sine qua non para su cura.
Aída Trujillo Ricart http://aidatrujillo.wordpress.com/.

