Opinión

Vivencias cotidianas de allí y aqui

Vivencias cotidianas de allí y aqui

Tenía previsto escribir sobre el célebre fotógrafo Robert Doisneau, algo que haré, D. m., la semana próxima, cuyo nacimiento coincide con la fecha en la que colisionó, contra un iceberg, el Titanic, uno de los más tristemente célebres buques de la historia. Pero, a pesar de la lógica avalancha de información sobre el tema, me ha resultado imposible no recordar aquella majestuosa embarcación. Su brevísimo tiempo de vida, y sus numerosas víctimas, 1.517 personas, me empujaron a hacerlo.

La compañía Royal Mail Steamship Titanic pretendía fiscalizar el negocio de los viajes transoceánicos de principios del siglo XX. La construcción del buque Titanic comenzó  el 31 de Marzo de 1909, en Belfast, Irlanda del Norte, que fue botado al mar el 31 de Mayo de 1911. Finalmente entró en servicio en el 1912. Pertenecía a la línea de viajes White Star Line, y fue diseñado por Thomas Andrews para la clase Olympic. Ésta, en la época, se destacaba por su lujo, dimensión de las naves y avances técnicos, superiores a los de la competencia. Para su elaboración se usaron compartimentos herméticos, que dividían el casco en 17 secciones, algo que se creía podría mantenerlo a flote, en caso de que éste se rompiese. Poseía innovadores instrumentos para la telegrafía, un especial diseño de hélice de tres palas y sus instalaciones de primera clase no tenían comparación con otros buques, en lo que a lujo se refiere. Se cumplieron, en su totalidad, las normas de seguridad exigidas por la legislación británica y norteamericana. Todo parecía estar en perfectas condiciones pero, el que debía ser un placentero viaje, tuvo un final escalofriante. Quizás, de no haber sido por la ambición desmesurada del vicepresidente de la compañía, Bruce Ismay, se habría podido evitar.

El capitán Smith, desde el 13 de abril, había pedido permiso para reducir la velocidad de crucero, 22 nudos, debido al avistamiento de icebergs flotando por la ruta trazada. Pero éste se negó porque deseaba destacar reduciendo el tiempo en su primer viaje. Smith alteró un poco el curso, intentando evitar los grandes bloques de hielo y redoblando las guardias en los mástiles. En su último atardecer, el 14 de abril, el Titanic se deslizaba por aguas tranquilas, pero, cerca de la media noche, un gélido soplo de nebuloso aire cayó sobre el navío, impidiendo percibir cualquier cosa. El resto de lo ocurrido es harto conocido a nivel internacional. Irónicamente, entre los que lograron salvar su vida estaba Bruce Ismay quien envió un mensaje a la línea White Star: “Lamento profundamente el hundimiento del Titanic, esta mañana después de chocar con un iceberg, que generó la perdida de muchas vidas. Detalles completos después…”

El 10 de abril del 1912, con todo el fasto y la pompa que merecía el espectacular navío, el Titanic zarpó desde Southampton, con su carga de ilusiones, para los que buscaban una vida mejor en el Nuevo Continente, y su deseo de destacar, por haber estado entre los primeros viajeros de su primer desplazamiento, de muchos otros. Pero el viaje del transatlántico apenas duró cinco días, entre su salida hasta el choque con el mortal iceberg, a las 23:45 horas del 14 de abril y su hundimiento dos horas y media después.

Existen ciertos mitos y equivocaciones sobre este trágico accidente, imposibles de enumerar en estas breves líneas. Un niño de 12 años, descendiente del médico del barco, fallecido en el hundimiento, ayudó a descubrir, en Belfast, este año, una placa de bronce con la lista de los nombres, ordenados por orden alfabético, de las personas que perecieron en el accidente marítimo más famoso de la historia.

El Nacional

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