Opinión

Vivencias cotidianas de allí y aquí

Vivencias cotidianas de allí y aquí

En Málaga fue adonde surgió mi primera gran pasión, el Flamenco… Sobre este tema ya escribí, con gran orgullo, el pasado mes de marzo porque, gracias a esa pasión, pude mantener a mis hijos durante más de una década.  Por eso puedo continuar, en estos dolorosos momentos, hablando sobre ello.  Pienso, además, que es posible que para algunos resulte interesante conocer la historia de las distintas ferias que están estrechamente ligadas a ese maravilloso arte que es el Flamenco.

Coincidiendo con la fecha de su celebración, les refiero la de Málaga, ciudad situada en el sur de España, en Andalucía.   Esta fiesta ya tiene más de quinientos años y su historia está vinculada a la de los Reyes Católicos.  El 19 de Agosto de 1487, los monarcas reconquistaron la ciudad y la incorporaron a la Corona de Castilla.  Más tarde, el 15 de agosto de 1491, concordando con las Celebraciones Litúrgicas Catedralicias, el Cabildo Municipal estableció el inicio de sus fiestas populares.  En el 1887 resurgieron gracias a la conmemoración del IV Centenario de la entrada de Isabel y Fernando en la villa, llegando así hasta nuestros días como un gran festejo veraniego.

Inicialmente la feria se instaló en el Muelle de Heredia, en el parque Teatinos, y otros lugares, hasta llegar a su actual emplazamiento en el Cortijo de Torres.

Una de sus particularidades es que se puede decir que en Málaga existen dos ferias; la de día y la de noche.  En ambos casos, la ciudad se atesta de gente, ya que cientos de miles de personas pasan sus vacaciones en la Costa del Sol.  Las calles del centro se engalanan con farolillos, adornos florales y casetas.  Se ofrecen  espectáculos para niños y mayores, bailes y un sin fin de eventos entre los que hay que tener en cuenta las célebres bandas de “Verdiales”. 

Hablar de la Feria de Málaga es hablar de ellos.  Los “Verdiales” son sin duda la expresión musical más vetusta del lugar y una de las más antiguas de Europa. Sus orígenes son confusos aunque se sabe que son anteriores al Flamenco.

Los carruajes de caballos toman las calles de la ciudad brindando, con ello, otro espectáculo.  A los amantes de las corridas de toros, la feria les da cita todas las tardes en la Plaza de la Malagueta.

En todos los rincones de la ciudad hay establecimientos en los que se puede saborear buen vino, jamón, el típico “pescaíto frito” y otras exquisiteces de la cocina andaluza.

Durante la feria, casi todas las mujeres se visten con trajes típicos flamencos y los hombres montan a caballo en traje cordobés.  El ayuntamiento, para amainar el calor y refrescar el ambiente, ha instalado aspersores de agua con olor a jazmín.  Vale la pena disfrutar de esta feria alguna vez.

El Nacional

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