Opinión

Voces y eco

Voces y eco

El pacto  suscrito entre los señores  Leonel Fernández, presidente de la República y del Partido de la Liberación Dominicana,   y Miguel Vargas, del Partido Revolucionario Dominicano,  para proponer la creación de una  gerencia colectiva en el departamento de  informática de la Junta Central Electoral,   puede aliviar tensiones.

La perturbación  no se disipará,  porque el señor Franklin Frías  –eje de la discordia- permanecerá  en  ese departamento de la JCE.  Pero  la intranquilidad   ha comenzado a  disminuir.  Hipólito Mejía, candidato presidencial  del PRD,  el más preocupado  con esta situación, habrá de resignarse a confiar. Como si le dijeran: eso es lo que hay.

Solo el PLD ha mostrado, por boca de sus  dirigentes,  holgada confianza en el controversial señor Frías. A diferencia de procesos anteriores,  que exhibió ferocidad frente a   miembros de la JCE, – Ay, Matos Berrido-  en esta ocasión los integrantes del alto organismo le merecen absoluta confianza.

 La JCE tiene oportunidad  todavía de que la ciudadanía  le muestre ese mismo nivel   aceptación. La gente quiere confiar  en la Junta, no  obstante los colores con que ha sido pintado su   edificio sede. Tiene los mismos matices del partido de gobierno.  Es un fraude menor.

La confiabilidad depende   de los pasos inmediatos.   La decisión  tomada por la JCE  para asignar  la casilla número uno en la boleta, aunque sea un detalle menor,  servirá para indicar por qué camino irán sus  pasos. Ese asunto no  tenía que ser tema de discusión, si eso  lo determina el  volumen de votos  conseguidos  en las últimas  elecciones. De no ser así, sería  un  fraude, aunque  de menor cuantía.

 La colocación o no  en  la boleta  electoral  de la figura del candidato a vicepresidente de la República  es una urgencia del PLD.  Ese partido  no confía en el atractivo del candidato Danilo Medina  para conquistar la cantidad  de votos requeridos. Quieren reforzarlo  con la imagen de Margarita Cedeño.

 Esa actitud del PLD también obedece a una disputa interna,  ya que desde 2004  Medina no ha sido santo de la devoción de los  seguidores del Presidente  y se pretende  enrostrarle  la cantidad de sufragios que  le  sumará  la esposa del  mandatario, que vale  decir  Leonel Fernández, el dueño de los recursos.

Ya  acogido por el Pleno de la JCE, el  acuerdo  rubricado por los presidentes de los dos partidos mayoritarios, y bendecido por la Iglesia Católica,  baja tensiones. La Junta tiene oportunidad  de fortalecer su crédito.   Un proceso electoral requiere sosiego. El pueblo dominicano merece ese sosiego.  No   corresponde a la JCE   alimentar la perturbación, sino lo contrario.

El Nacional

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