Miguel de Camps Jiménez no es sólo un especialista en diseño e impresión de libros, ni su nombradía puede fundamentarse en que uno de sus hermanos haya actuado en la política durante casi medio siglo. Miguel es acucioso, agudo y mordaz, y supera en lo de vainero a su hermano. Pero comencé mal este artículo, porque no es de Miguel que he de hablar, sino de un producto de su inteligencia y sentido patriótico, expresado en su libro.
Para comprender mejor el Himno Nacional acaba de publicarse. Era esperado como un hijo, y en mi caso como un sobrino. Pero un sobrino de los que manda Dios. Este libro debe ser celebrado por la sociedad dominicana. Por los maestros y los estudiantes. Por los periodistas y los políticos. Por quienes quieren conocer detalles esenciales de la dominicanidad y por quienes ya los conocen.
Este libro permite conocer mejor nuestra historia, a través del canto patrio que encierra una síntesis de ella, con palabras de poeta. El autor desglosa el contenido del Himno desde distintos puntos de vista. Incluye, incluso, un glosario con las palabras empleadas en el mismo por Emilio Pud`Homme.
Magníficamente ilustrado y con criterios finamente didácticos, el texto va de cuestiones tan simples como explicar lo que es un himno hasta la descripción del ambiente social y político en que se compuso el nuestro, en 1883. Se interpretó por primera vez en 1884 durante un acto que, con motivo del vigésimo aniversario de La Restauración política de la República, se celebró en el local de la respetable logia La Esperanza, en la ciudad de Santo Domingo, según apunta De Camps.
No hay detalle referido al Himno que no haya sido tocado por el autor de este libro hermoso, práctico y necesario. Hasta la contratapa se emplea para señalar los errores más frecuentes al cantar el Himno Nacional, como salcemos en vez de alcemos, recto de muerte, en vez de reto de muerte.
Quienes hemos trabajado en la educación, con decenas de bachilleres en un aula, sabemos de otros vicios e interpretaciones mostrencas de los estudiantes acerca de los versos de PrudHomme. Quienes tienen el compromiso de mejorar la calidad de la educación para lograr un pueblo mejor, encontrarán en este libro un valioso prontuario para esos fines.
Miguel de Camps ha publicado un libro que hacía falta. De mil ejemplares, dice el colofón que cuenta la edición. Y eso es doloroso, pues se trata de una obra que cada dominicano debe leer y esa tirada resulta insignificante. En un país que valore lo suyo y donde la educación sea una prioridad, cien mil ejemplares fueran pocos. Más que felicitar, hay que agradecer a Miguel de Camps por este trabajo tan propio de un buen dominicano.

