Opinión

Voces y ecos

Voces y ecos

El presidente Leonel Fernández ha salido brevemente de la atmósfera celestial en que habita para participar en un acto político de su partido. Para ponerle sazón  a la cosa, soltó el despampanante anuncio de que se lanzará a las calles para evitar que  el Partido Revolucionario  vuelva al poder.

 Dejó dicho  que un triunfo del PRD significa la vuelta al camino malo. Ahí  intentó  poner en uso su capacidad de otorgar a las palabras el significado  que le parece, ya que el doctor Fernández es un gimnasta de la palabra, de lo cual ha cobrado buenos réditos.  Pero me temo que la realidad objetiva, la que vive –o mejor, sufre-  el pueblo   puede disolver las burbujitas verbales del mandatario.

Como  el Presidente es tan generoso con su pueblo,  hemos de suponer que si el otro es el camino malo, la nación  dominicana transita por el bueno. Lo malo es  lo opuesto a lo bueno, pero hay un estado “superior” a lo malo, que  puede  colocar a alguien en la desesperante situación de reclamar que venga lo malo.

Me refiero a lo “peor”.  Quizá el Presidente  no está pensando que de gobernar el PRD  pasaríamos de lo “peor” a lo malo. Mientras tanto, muchos quedamos confundidos con su decir, por no entender si es que estamos en lo bueno y podríamos pasar a lo malo, o si a este  estadio pasaríamos desde lo peor.

Lo que  entiendo –eso sí- es que  doce años de gobierno  de “liberación” que cumplirá Fernández en 2012, ha sido la oportunidad de oro para evitar que el PRD retornase al poder por los siglos de los siglos. La gente sensata está deseosa de apoyar un gobierno que cumpla sus promesas y que ponga en primer lugar el interés colectivo.

 Fernández tuvo tiempo para  hacer de la educación   una prioridad estatal, invirtiendo recursos, pagando al personal docente lo que merece y haciendo de los planteles escolares el  edificio  más  impresionante de cada comunidad.

Hubo tiempo para convertir  nuestros  campos  en fuente segura de inversión de recursos para producir alimentos.  Pero el grito de los productores  por la desatención resuena de uno a otro confín del país.   Si el Presidente hubiese invertido  para solucionar la crisis eléctrica como lo ha hecho  con el metro,  no tendría que lanzarse a las calles a evitar el triunfo del PRD. Igual que si  hubiera  impedido la implantación del clima de inseguridad que azota  ni la crisis de los hospitales estatales.

 El Presidente  pudiera ahorrarse algún esfuerzo en las calles, que están duras, sucias y caóticas.  En los veintiún  meses y diez días que le quedan de gobierno, podría tomar medidas firmes contra el narcotráfico,  erradicarlo de entre los organismos encargados de combatirlo, sacar de su entorno a los corruptos identificados y dar pasos que permitan a los ciudadanos recuperar la confianza en el futuro de la nación y la paz social.

El Nacional

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